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 Logo PADI           El 19 de junio amanecimos en la costa, despertados (o apenas dormidos) por los gritos de las gaviotas que anidan en los roquedales de Almuñecar.  Una duchita fresca y salimos para estar desayunando en Chinasol sobre las 8:30 horas. Habíamos quedado con el resto del grupo y con nuestro instructor, Marcos González “Boychi“, a las nueve de la mañana, así que teníamos tiempo para reposar un poco el desayuno. Boychi. madrugador, fue el primero en aparecer. Se sentó con nosotros y comenzó a explicarnos el planing del día. Haríamos dos inmersiones, una primera para terminar de repasar algunos ejercicios de seguridad y una segunda, ya la última del curso , que sería una inmersión en toda regla, a más profundidad y en un sitio con riqueza biológica.

            Boychi estaba preocupado por el mar. Según se veía desde la terraza  donde estábamos sentados, parecía picado y algo revuelto.  No era una buena noticia para “peces de secano” como nosotros. Al poco llegaron el resto de compañeros  así que nos distribuimos en los coches y pusimos camino al Puerto Deportivo de Marina del Este, lugar donde Boychi amarra su embarcación. En el puerto nos esperaba Jose, un argentino con todo un set de trucos y consejos útiles para los buzos novatos. Hoy sería él el que ejerciera como Adjunto del Instructor, guardando la parte final del grupo durante las inmersiones y ayudando a organizarnos un poco (o un mucho).

                    Como era ya habitual comenzamos a preparar el equipo, empezando siempre por preparar Jackets y botellas antes de ponernos el neopreno. Esta vez los instructores nos dejaron hacer, empezaba ya a ser nuestra responsabilidad montar adecuadamente el equipo. Cuando teníamos ya presión en el manómetro y comprobado el aire en los reguladores y el sistema de inflado del chaleco, procedimos a cerrar las botellas (para evitar perdidas de aire accidentales durante el traslado en barco) y comenzamos a equiparnos con el neopreno. Otra vez la misma peripecia que el día anterior para ponérselo, aunque Kiki descubrió un truco 8no se a ciencia cierta quien se lo contó) que consistía en usar una bolsa como funda mientras uno introducía pies en el neopreno. Esto facilitaba considerablemente el trabajo de introducirlo debido a que evitaba, fundamentalmente, que la piel se pegara en el neopreno.

                       El neopreno no esta pensado para transpirar, asi que mientras estas al sol (como estábamos) la sensación es un poco como cocerse en la propia salsa. Para evitar males mayores nos dejamos sin poner la parte superior del traje y nos metimos en el barco, una lancha motora. Cada uno estaba sentado delante de su propio equipo, de espaldas al mar, contemplando los espléndidos barcos que se guarecen en puerto mientras Boychi maniobraba por las aguas aun tranquilas de este.

                  Nada más salir por la bocana del puerto el mar comenzó a darnos su particular bautizo, haciendo dar saltos a la lancha mientras el aire, eso si, nos refrescaba y hacía más agradable nuestra espera. Boychi  buscaba un lugar para la primera inmersión, la de los ejercicios  de seguridad, pero no lo tenía de todo claro debido a las olas reinantes. Pasamos la Punta de la Mona y unas pequeñas calas con acantilados donde pudimos ver a otros grupos de buceadores. Al final encontró el lugar adecuado. Echamos el ancla sobre un fondo arenoso que estaría situado a unos cinco o seis metros de profundidad. Íbamos a utilizar el ancla como cabo para facilitar el descenso y el posterior ascenso. También íbamos a practicar la salida de espaldas desde el barco. Este tipo de salida puede ser un poco caótica cuando hay mucha gente en un barco relativamente pequeño y el barco se mueve arriba y abajo. Nos enfundamos la parte superior del traje, nos equipamos las aletas (que venían de tierra listas solo para asegurar) y nos ponemos el jacket con la botella. Uno a otro nos vamos haciendo la revisión CPTAO para verificar que todo esta correcto. Inflamos el jacket para asegurar flotabilidad positiva cuando nos tiremos, nos calzamos la máscara en la cara y nos ponemos el regulador en la boca.

                     Parecemos astronautas. A una señal de Boychi nos vamos tirando de espaldas mientras sujetamos la máscara contra nuestro rostro. Una voltereta de burbujas y ya estamos arriba. Ahora solo queda ir avanzando hasta la proa del barco para despejar los laterales y evitar accidentes.

                                El cabo se introducía en el fondo del mar hasta desaparecer de nuestra vista. Por parejas nos fuimos colocando junto al cabo a la espera de la orden de descenso. Boychi nos recordó el asunto de la compensación de oídos, muy importante hoy ya que si que íbamos a bajar ya bastante y los oídos nos iban a molestar si no lo hacíamos correctamente. El secreto era bien sencillo, compensar  cada  metro conforme bajamos, especialmente en los primeros metros durante los cuales la diferencia de presión es mayor. Celia es mi buddy. Nos miramos y nos indicamos nuevamente que todo esta bien y que nos vamos al fondo. Alzo mi mano izquierda sujetando la traquea y pulso el botón para liberar el aire del Jacket. Comienzo a descender e inmediatamente compenso, compenso y compenso. Veo con satisfacción como no tengo problemas con los oídos, todo parece ir bien. Miro a Celia, que se esta quedando un poco rezagada en el cabo y me indica señalándose los oídos que no esta compensando bien. No  hay problema, sube un poquito, compensa con menor presión y vuelve a bajar.

             Llegamos al fondo, un lugar de arena muy fina que pronto comenzamos a levantar con nuestras aletas. Balbino e Irene ya están abajo. Kiki y Jordi nos siguen acabando su descenso por el cabo. Nuestro instructor aparece y nos indica que vamos a dar una vueltecita.  Comenzamos a aletear suavemente, tratando de mantenernos a cierta altura del fondo para evitar embarrarlo todo, pero cuesta trabajo. Todo el mundo avanza sujetando su traquea con una mano para controlar el boton de ascenso y con la otra cerca del trasero para controlar la tira de liberación horizontal del jaquet.  Se ven pocos peces, solo algunos despistados en ese desierto de arena.

             Boychi nos reúne, se cerciora de que todos andamos bien y nos indica que vamos a hacer un nuevo ejercicio de pivoting.  Una vez más nos ponemos sobre el fondo y tratamos de regular nuestra flotación con el volumen variable de nuestros pulmones.  Solo conseguimos generar ambiente más turbio. Dado que podemos ver bien poco  los instructores deciden pasar al segundo ejercicio que consiste en la maniobra de emergencia por la que damos aire a nuestro compañero mediante el regulador del octopus. A una señal me posiciono con Celia junto al cabo. Boychi me indica por señas que en este simulacro seré yo el que se quede sin aire (que divertido). Miro a Celia y manos a la obra. Le indico poniendo el canto de mi mano sobre mi garganta (como si me la fuera a cortar) que no tengo aire. Celia asiente y levanta su brazo derecho para que acceda a su octopus. Con tranquilidad (no quiero que me pase lo que en el ejercicio de piscina) despliego el octopus de mi buddy acercándome el regulador de emergencia. Aspiro de mi regulador, lo retiro de mi boca y me coloco el regulador de emergencia. Soplo para purgarlo y comienzo a respirar nuevamente. Todo perfecto. Se lo indico con una señal a Celia y me trabo  a ella agarrándome de su brazo mientras ella hace lo propio conmigo. Iniciamos el ascenso, escoltados por Boychi que nos frena liberarando el aire de nuestro jacket (se nos había pasado). El aire del jacket se va expandiendo conforme ascendemos y disminuye la presión. Esta es la razón por la que es necesario ir liberando aire. En caso contrario subiríamos como un globo y siempre hay que realizar un ascenso lento y controlado para garantizar la liberación adecuada del nitrógeno de nuestro cuerpo (que se expande al igual que el aire de nuestro chaleco).

                    Cuando subo a superficie me encuentro con la lancha subiendo y bajando, sufriendo la marejada. Celia se agarra  a la escalera, parece que se encuentra mal, mareada igual que yo empiezo a estar.

                   Y comienzo a reiniciar el windows. Saludo con arcadas a mis compañeros mientras suben a la superficie. Como puedo me quito el jacket y lo dejo flotando para que alguien lo recoja. Boychi y Jose están ya arriba cambiando las botellas para la siguiente inmersión. Yo permanezco flotando en el agua, tratando de relajarme aunque todo me da vueltas. Cuando todo esta listo en el barco subimos y nos distribuimos para compensar el peso. Celia parece recuperada (ella es más de mar que yo). Boychi arranca el motor y ponemos dirección a la Piedra del Hombre, una notable zona de buceo en La Herradura. El viento me sienta bien y por un tiempo me recupero, hasta que la lancha se detiene y todo empieza a dar vueltas de nuevo.

                        Boychi me miró y con gran sabiduría me dijo. “¡Antonio, al agua!”. Efectivamente estaba algo mejor fuera del barco, pero no del todo. Me sentía como si me hubiera comido veinte osobucos, apretao dentro del neopreno y con todo dando vueltas. La idea era que nos equiparamos en el agua. En cierto modo es más cómodo, menos agobiante que equiparse todos a la vez dentro de un barco que sube y baja, pero es que yo estaba ya que no sabia ni como me llamaba. Como puedo, creo que alguien me ayudo, me pongo el jacket.  Jose se acercó y me dio uno de sus sabios consejos: la mejor manera de equiparse en el agua es ponerse panza arriba, como si uno fuera una nutria preparando su pescado. Ciertamente era así. Me facilitó mucho el ajuste de los hombros y el cinturón, pero aun así seguia teniendo problemas con los plomos. Me los había puesto en el barco, pero claro, apretar, no podía apretar mucho, así que cuando estaba en el agua el cinturón de plomos se escurría por  mi cintura hacia abajo con grave riesgo de caer al fondo. Miré desconsolado a Jose y rápidamente se puso el regulador, bajo un poco y me pego un apretón en el que casi suelto la última papilla, pero, ¡olé!, los plomos estaban en su sitio. Me acerque hasta el cabo de descenso donde aguardaba Boychi. Serio, me mira y dice gravemente: “Antonio, si tienes que vomitar vomitas a través del regulador, pero no te lo quites”

             Yo, con mi máscara puesta y el regulador ya en la boca,  asentí valientemente pero pensé para mí: “la virgen, vaya marronaco…”. Me hacen la señal para descender y procedo, hasta llegar a unos cinco metros donde debo cabecear para continuar el descenso. Y cosa de magia, todo el pelotazo mental-gástrico desaparece al instante. Es increíble lo que hace un suelo que no se mueve, aunque este a diez metros de profundidad.

                 Me vuelvo para ver como mis compañeros van descendiendo, hasta reunirnos todos a bajo. A pocos metros vemos como el suelo arenoso se transforma en un conglomerado de rocas plagadas de anémonas, erizos y unos corales de un naranja indescriptible, los corales estrellados (Astroides calycularis). Boychi se pone al frente y comienza a dirigirnos entre las rocas que nos salen al paso. A un lado y a otro pequeños grupos de castañuelas (Chromis chromis) y sargos (Diplodus sargus sargus) parecen juguetear y perseguirse . De vez en cuando un espectacular pez doncella (Coris Julis) pasa delante nuestra, provocador, tan cerca que casi podemos tocarlo con los dedos (aunque resulta imposible). Boychi sigue avanzando entre las rocas y nosotros tras de él. de vez en cuando se vuelve para comprobar que estamos viendo y para tomarnos alguna imagen. Ahora no hay ejercicios, asi que solo toca disfrutar y maravillarnos de este universo tan cercano (apenas a unos cientos de metros de la civilización) y a la vez tan desconocido. Una vez más la sensación que tengo es la de ser un astronauta, aquanauuta sería más exacto, escuchando la propia respiración, siendo consciente de ella, ingravido, realizando todos los movimientos  con lentitud.

     Estaba tan mal y ahora me sentía tan bien, tan pletórico, tan vivo,  que me había olvidado por completo (craso error) de mi querida Celia, mi buddy en esa inmersión. En un momento la vi aparecer delante mía, con tendencia a irse hacía arriba y  sujetada de la mano por nuestro instructor. Pensé,  “Ahí vá esa!”. Tenía evidentes problemas de flotabilidad, es decir, flotaba demasiado y le costaba alcanzar profundidad. Luego nos contó que hasta Jose se había puesto encima de ella para tratar de que bajara, sin aparente resultado. Celia continuaba como un globito sujeto de la mano de nuestro instructor. Menos mal que todo eso se solucionó en inmersiones posteriores añadiendo más peso. Afortunadamente en mi caso el tema de la flotabilidad lo notaba bastante controlado. Solo en un par de ocasiones perdí el control e inicié un descenso, más acentuado de lo que esperaba. Recuerdo ponerme a buscar mientras “caía” para ver si encontraba algún hueco con arena donde “aterrizar” y así no dañar la espectacular biología que nos rodeaba. Finalmente y después de pasearnos a 15 metros de profundidad, alucinando y casi sin darnos cuenta de las maravillas que nos rodeaban debido a la excitación, Boychi nos conduce de nuevo al cabo donde iniciamos el ascenso.

    Cuando salimos a superficie ya eramos buzos OWD  certificados por PADI. Nos quitamos el equipo en el agua y lo subimos a la embarcación. Nos dirigimos al puerto donde una vez desalado todo el material procedimos a celebrarlo como es debido, con una buenas cervezas fresquitas. Todo un abanico de posibilidades se nos abre ahora, infinitos lugares que explorar.

                No quisiera terminar estas lineas sin felicitar a nuestro instructor y a sus ayudantes. Me he quedado asombrado por la capacidad técnica, didáctica y la enorme paciencia demostrada por Marcos González “Boychi”. Ameno, divertido, pero sin perdernos nunca de vista, garantizando nuestra seguridad. Medio psicólogo, conocedor del alma humana cuando se enfrenta al inmenso mar, ha ejercido con todos nosotros como consejero y amigo cuando dudábamos un poco. No puedo menos que recomendaros a todos que lo busquéis a él si pensáis  iniciaros en esta maravillosa, espectacular experiencia que es el buceo autónomo.

Marcos González “Boychi”

Instructor y Divemaster (guía de inmersiones)

Buzo profesional

Especialidades

Fotografía Digital Subacuática

Búsqueda y Recuperación

Buceo en Pecios (barcos hundios)

Buceo con Traje Seco (buceo invernal)

Orientación Subacuática

Buceo Profundo

Buceo Nocturno

Buceo con Scooter submarino

Identificación de especies marinas

Buceo con nitrox

Contacto

boychigh@yahoo.es

Tlf. 699 42 08 11

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Logo PADI          El 18 de junio amanecimos nerviositos Celia y yo en la Zubia, donde vivimos. Las primeras luces empezaban a resbalar ya por Sierra Nevada mientras desayunábamos, y nosotros nos preguntábamos ya como iba a resultar ese día. A las 9:00 habíamos quedado con Marcos González “Boychi“, nuestro instructor, en Almuñecar para continuar nuestro curso de buceo en aguas abiertas (OWD). Allí habíamos quedado también con Irene, Balbino, Jordi y Kiki, nuestros compañeros de inmersión y futuros “buddies“. A la hora fijada estábamos ya en la costa, oliendo el suave viento salado que procedía del mar. La temperatura era agradable, mucho más que el agobiante calor que ya empieza a apretar en la ciudad. Allí comenzaban a llegar el resto de compañeros. Boychi salio a nuestro encuentro y después de una breve bienvenida nos invitó a pasar a una sala donde se realizaría la última parte teórica del curso. Los temas 4 y 5 del curso se centran sobre todo en el calculo de los tiempos de seguridad e inmersión. Las botellas de aire comprimido que utilizamos contienen aire normal, como el que respiramos, es decir un 78% de Nitrógeno (N2), un 20% de Oxígeno (O2) y un 2% restante de gases nobles sin mayor importancia para el buceo. El Nitrógeno es un gas inerte en superficie, no nos afecta en absoluto, pero al comprimirlo  por presión aumenta su toxicidad para el ser humano.

            La presión modifica la densidad del aire que respiramos y facilita que el nitrógeno se introduzca en nuestro organismo. El secreto y el arte de las inmersiones recreativas consiste en realizarlas en unos tiempos y profundidades que minimicen la absorción del nitrógeno y permitan su liberación en caso de absorverlo.

          Dado que la presión del aire aumenta según la profundidad que alcanzamos, a mayor profundidad podemos permanecer menos tiempo. Por poner un ejemplo, si estamos a un metro de profundidad, prácticamente no habría compresión/absorción del nitrógeno y el tiempo de inmersión podría ser indefinido (limitado por el aire de nuestras botellas). Sin embargo, si nos sumergimos a 18 metros (nuestro máximo nivel de inmersión con la certificación OWD), nuestro tiempo sin descompresión (No Deco Time) se reduciría a 56 minutos. Más allá de este tiempo (aunque no demasiado) habría que realizar paradas descomprensivas a menor  profundidad para dar tiempo a la liberación del nitrógeno. Y, bueno, si nos pegáramos un pasote saltándonos estos límites temporales/de profundidad podríamos tener auténticos problemas dando lugar a la enfermedad descompresiva, que pone en riesgo la vida del buceador y hace necesaria la intervención de una cámara hiperbárica. Osea, que mejor no hacerlo.

         Pero todo se complica un poco más. Por que no es que salgamos a superficie y ya no tenemos nitrógeno. El nitrógeno se continúa liberando en superficie, para lo que tarda un tiempo variable en función de la profundidad a la que hayamos estado. Esto no tendría mayor importancia si después de nuestra inmersión nos fuéramos a casa pero… ¿que ocurre si vamos a realizar otra inmersión? Deberemos, dado que existe un nitrógeno residual, establecer unos limites temporales entre inmersiones y contar con el nitrógeno residual remanente para el cálculo del tiempo de inmersión/profundidad de nuestra segunda inmersión.

       Toda esta locura ha conseguido ser ordenada en unas tablillas de cálculo conocidas como PIR, Planificador de Inmersiones Recreativas. El PIR permite planificar nuestras inmersiones/descansos con unos márgenes de seguridad escrupulosos, acortando quizás nuestro tiempo de buceo pero permitiendo realizar muchos más en el futuro. Y con todo no es un cálculo exacto. Cada persona tiene una fisiología ligeramente diferente al resto. El PIR se ha calculado para la generalidad con unos márgenes de tolerancia pero no hay que olvidar ser prudente, sobre todo en las primeras inmersiones, escuchando siempre a nuestro organismo.

             Después de estar realizando cálculos con el PIR durante un largo rato Boychi nos dijo que actualmente las tablas, aunque hay que saber utilizarlas, están un poco en desuso. Ahora lo que se utilizan de forma popular son los ordenadores de buceo que, en tiempo real, te calculan tu No Deco Time, te  guían durante las paradas y te monitorizan en tus tiempos de superficie. Gracias, Boychi, este comentario tuyo nos dio luz y esperanza. No me terminaba de imaginar en lo profundo, controlando la flotabilidad, con la tablilla en una mano y haciendo números con la otra.

                Posteriormente al repaso de los temas 4 y 5 nos repartió los exámenes de PADI para OWD, cosa que nos llevó un ratín terminar (los cálculos PIR nos iban a desquiciar, a todos menos a Jordi, que es matemático y pareció despertar de su sopor en ese preciso instante).

              Terminados los trámites teóricos nos fuimos a la cafetería del Chinasol  a llenar el estómago un poco, preparándonos ya para nuestra primera inmersión en aguas abiertas. Serían las 12:30 cuando llegamos al Puerto Deportivo de Almuñecar, situado en Marina del Este. Allí nos esperaba Javi, un hombre inmenso capaz de transmitir un extraordinario lowtempo y tranquilidad ideal para controlar a un puñado de descontrolados. Javi ejercería como adjunto del instructor, cerrando el grupo durante nuestra inmersión.

             La primera odisea fue calzarse el traje. Y he elegido la palabra”calzar” de forma prudente. No conozco una expresión educada para definir de forma precisa el nivel de estrechez y dificultad para meterse dentro del neopreno. Habíamos tardado relativamente poco en montar las botellas en el jacket y asegurar la demanda de aire, pero en ponernos el neopreno….¡Dios! Conforme nos lo poníamos empezábamos a sudar, y eso que estábamos en la sombra, y el sudor solo hacia que la goma interna del traje se pegara más haciendo ventosa. Vale, quien más quien menos consiguió ponerse el traje. Ya parecemos Tinki Winki. En este momento nos dan un cinturón que pesaba un quintal (bueno, en realidad solo 7/8 Kilos, pero con la axfisiaera del traje parecía mucho más). Este cinturón eran los plomos, necesarios para garantizar que nos hundiéramos (suena raro, pero es asi). El cinturón de plomos había que ponerselo asegurando que la cinta de liberación estuviera del lado de nuestra mano diestra, para permitir una liberación rápida en caso de emergencia. Inclinábamos la cintura (en plan morcillitas de colores) y nos pasábamos los plomos por detrás para garantizar que caían por encima del trasero. Y ahora a apretar (con dos c….). Y resulta que los hombres, como dios se empeñó en crearnos sin caderas, pues tenemos que apretar aun más, por que si no los plomos se nos caen como si lleváramos una pella, cargadita, cargadita.

         Tenemos ya los escarpines, el traje puesto con el sobretraje incluido, plomos amarrados, jacket a la espalda con botellas y sistema de etapas y octopus montado, mascara al cuello y aletas preparadas en la mano, así que nos ponemos en marcha. Y bueno… libres, libres no es que nos sintamos de momento. Somos pesados como un bloque de cemento ¿como podríamos tener problemas en hundirnos?. Nos acercamos caminando hasta una playita que hay en frente a la bocana del puerto, un charquito en palabras de Javi. Y asi es, no creo que haya más de cuatro metros de profundidad en el sitio más profundo de esta zona.

                 Nos metemos en el agua con el jacket hinchado para tener flotabilidad positiva (¿más?) en cuanto el agua nos llegue al pecho. Ajustamos aletas y iniciamos el protocolo de revisión de equipo compañero a compañero (CPTAO):

  • (Cada) Chaleco – Revisar que el Jacket esta correctamente ajustado, con el latiguillo del aire conectado
  • (Persona) Plomos – Revisar que los plomos están correctamente ajustados, quedando por encima de la cintura, equilibrados y compensados
  • (Trabaja) Tiras de Sujección – Revisar que las tiras del jacket están ajustadas y sujetas (hombros y cintura)
  • (Ayudando al) Aire – Revisar que hay presión en el manometro, que llega aire bajo demanda al regulador y al regulador de emergencia del octopus.
  • (Otro) Ok final – Revisión general y palmadita en el hombro para señalar que todo esta perfecto.

     Todo perfecto. Boychi nos da el briefing, las instrucciones de esta inmersión. Primero haremos una sin agobios, sin prisas, simplemente para hacernos con el mar, dando una vueltecita, disfrutando simplemente. Posteriormente haremos una segunda inmersión donde practicaremos algunos ejercicios de seguridad (purga de máscara, búsqueda de regulador en caso de perdida y balanceo para controlar flotabilidad). Asi que allá vamos.

         Regulador en la boca, gafas con escupitajos y lavadas puestas en la cara. Boychi nos va mirando uno a uno pidiéndonos la señal de que todo esta bien. Ok, todo bien. Nos hace la señal para sumergirnos  (puño cerrado y pulgar hacia abajo) asi que agarramos la traquea, la estiramos hacia arriba con el brazo extendido y pulsamos el botón para vaciar el Jacket y…… ¡hacia abajo!, ¡como si fueramos montados en un ascensor!.

            El agua esta un poco turbia. Hay poca profundidad, el fondo es arenoso y hay unos novatos aprendiendo a bucear. No podía ser menos. Pero poco a poco se va aclarando. Nos ponemos en fila, siguiendo a Boychy, cada uno junto a su compañero de inmersión y Javi cerrando el grupo y armado con unos cascabeles para hacer ruido y parar al grupo si ocurría algo. Y de repente empezamos a ver cosas. No mucho, es cierto, pero suficiente para alucinarnos a los que no estamos acostumbrados. Sobre el suelo se podían ver algunos pepinos de mar (holothuroidea), unas extrañas criaturas de forma alargada, parientes de las estrellas de mar, que se pasan la vida filtrando detritos del fondo. También vemos erizos (Echinoidea) y alguna estrella de mar. Pequeños pececitos de colores oscuros y marrón claro se escondían entre las rocas que salpicaban el fondo arenoso. Era absolutamente espectacular mirar hacia arriba y ver a un grupo de peces cruzando el mar como saetas de plata.

               Kiki tuvo uno de sus clásicos tropiezos subacuáticos, perdió las aletas por no estar bien aseguradas. El asunto no tuvo la menor importancia, pero nos sirvió para hacernos comprender lo importante que es el sistema de compañeros. Kiki se portó como un campeón, respiró tranquilamente y procedió a asegurarse de nuevo las aletas sin salir a la superficie.

             Dado este primer paseo de encuentro con el mar a la orden de Boychi regresamos a la zona de entrada y emergemos. Salimos a la playa y nos quitamos el equipo pesado para quedarnos un ratito a remojo, descansando y comentando la inmersión.

               Ahora viene la segunda inmersión. Boychy nos pide que  nos coloquemos el equipo y procedamos a sumergirnos de nuevo. Repetimos la misma maniobra de control de equipo del compañero (CPTAO) y nos vamos al fondo. Los Ejercicios que vamos a realizar son tres:

  • Pivoting: En el fondo, a unos tres metros de profundidad, quitamos completamente el aire del jacket. La idea es conseguir una flotabilidad neutra que nos permita balancearnos por el efecto de llenar/vaciar nuestros pulmones. Para esto, pegados como estamos al fondo, damos un toquecito al botón de inflado del jacket y esperamos unos 5 segundos a ver sus efectos (bajo el agua todo es muy lento). Cuando observamos que nos volvemos ligeramente ligeros, que tendemos a levitar, realizamos un llenado completo de pulmones. Esto tiende a elevarnos, cosa que evitamos expulsando el aire y volviendo al fondo. Esta maniobra la repetimos varias veces. Su objetivo es que comprendamos que una vez conseguida la flotabilidad neutra el mayor control de posición lo conseguimos con el volumen de aire de nuestros pulmones. El llenado completo de pulmones nos eleva, mientras que una respiración más superficial tiende a facilitar nuestro hundimiento. Este ejercicio ya lo habíamos practicado en piscina, aunque en mar debido a la salinidad del agua se vuelve un poco más complicado.
  • Recuperación del Regulador: Nuevamente repetimos este ejercicio de vital importancia. El regulador es nuestra conexión al aire y por tanto a la vida. Bajo ningún concpeto, ni aun vomitando, debemos quitárnoslo de la boca. Es por ello que es tan importante que sepamos recuperarlo si, por accidente, una aletazo o un golpe de un compañero nos lo quita de la boca. Para ello nos colocamos de rodillas y hacemos un barrido con el brazo mientras nos inclinamos hacia la derecha. El regulador aparece cerca de nuestra mano así que solo hay que agarrarlo, ponérselo en la boca y soplar para purgar el agua. En el caso de que llegáramos muy justos y sin aire ya en la boca podemos pulsar el botón de purga que incluye el regulador mientras lo tenemos en la boca (y antes de realizar la primera inspiración) y se vacía solo.
  • Purga de Máscara: Con este ejercicio llenamos bajo el agua la mascara de agua y procedemos a su vaciado soplando por la nariz al tiempo que inclinamos hacia atrás levemente la cabeza y presionamos la máscara por su parte superior. El aire de nuestra nariz entrará en nuestra máscara y expulsará al agua por la parte de abajo. Este ejercicio es importante por dos razones. La primera para habituarnos a permanecer tranquilos aunque la máscara se nos inunde. La segunda para ser capaces de vaciarla con total naturalidad y continuar nuestra inmersión.
 
           Realizados estos ejercicios Boychi da por concluida la inmersión y los ejercicios que la contienen, así que salimos nuevamente y (después de felicitarnos entre nosotros de forma efusiva) salimos de la playa con las aletas en la mano y en dirección al puerto, donde desmontaremos todo el equipo y nos quitaremos los neoprenos.
          Kiki surgió de un rincón en ese momento cargando con el bidón de las delicias, es decir, cervezas y refrescos fresquitos. Después de bebernos unas cuantas “fresquitas” nos separamos, Boychy y Javi se fueron a sus quehaceres (entre otras cosas “endulzar” el equipo, es decir lavarlo todo con agua fresca) y los alumnos nos metimos en la pizzeria del puerto. Era tarde ya (las 16:00) y dificilmente íbamos a encontrar algo para comer. Después de un rato de contar anécdotas, comentar el curso y llenar el estomago, dimos el día por concluido. Kiki, Jordi, Irene y Balbino subían para Granada, pero Celia y yo decidimos quedarnos a pasar la noche en Almuñecar y así amanecer tempranito para la siguiente parte del curso. Una de las cosas más interesantes del mundo del buceo es la cuestión de “liberar nitrógeno”. Entre inmersión e inmersión hay que tomárselo con calma y dar tiempo a que el nitrógeno se libere de nuestro cuerpo. Nosotros, dispuestos a poner en practica todas las simulaciones habidas y por haber nos fuimos esa noche a la playita, a comernos una parrillada de pescado a la orilla del mar. Estábamos liberando nitrógeno, claro…
            En el interior de los bares y chiringuitos la gente vociferaba. El Granada C.F. había ascendido a primera división. Jejejejej, eso hizo que tuviéramos toda la playa para nosotros solos. Y nos acostamos pensando en el día siguiente. Cuando acabara el siguiente día seriamos buceadores.
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   Logo PADI            El pasado domingo 5 de junio comenzábamos el curso impartido por PADI de  iniciación al buceo: el Open Water Diver (OWD) o buceo en aguas abiertas. Previamente el instructor nos había proporcionado, a través de Kiki, el manual del curso y un DVD de apoyo donde algunos conceptos se veían más claro. La idea era que llegáramos con los conceptos aprendidos de los temas uno al tres al objeto de realizar el primer día que nos viéramos una clase teórica y nuestras primeras inmersiones, esta primera vez en una piscina olímpica por aquello de que todo está un poco más controlado. Llegamos a la hora acordada, entre 10:15 y 10.30, a las instalaciones de Deportes de la Universidad de Granada, en los Paseillos Universitarios.

                   Allí estaban ya descargando el material (botellas de aire comprimido, jaquets, reguladores, etc) los instructores de PADI que nos iban a impartir el curso encabezados por el Dive Master “Boychi”. Ellos se encargarían de darnos las nociones necesarias y vigilarían que el descontrol no se instalara entre los novatos.

                Como cabía espera en un curso de origen norteamericano, la práctica no se hizo esperar. Después de unas breves nociones sobre flotabilidad, que nuestro instructor aseguró comprenderíamos mejor en un momento dentro del agua, nos metimos a la piscina donde se comenzó a repartir material para cada persona: escarpines, botella de aire, reguladores, aletas, mascara y jacket. Lo primero fue un poco de instrucción sobre como montar todo el equipo autónomo. Lo habiamos leido en el manual, lo habiamos visto en el el DVD, pero hasta que no lo hice por mi mismo la verdad es que no lo veía claro. Introdujimos la cincha del jacket de cada uno sobre la botella hasta aproximadamente un poco más de la mitad de la botella, que permanecía con las juntas tóricas de la grifería mirando hacia la espalda del jacket. Conectamos el estribo del octopus  a la grifería de la botella y el conector de inflado al jacket, teniendo cuidado de que el regulador y segunda etapa caigan por el lado derecho. Abrimos pausadamente de forma completa la grifería y luego cerramos un cuarto de vuelta. Comprobamos que tenemos presión en manómetro, capacidad de inflado/desinflado del jacket y funcionamiento correcto del regulador y de la segunda etapa. Un tironcito para ver que el sistema es compacto, que no resbala. Todo Ok. Y procedemos a desmontar el sistema. Repetimos el proceso varias veces con la idea de que se nos quedaran grabados unos pasos que son sencillos pero que hay que realizar de forma precisa.

          Nos metemos en el agua. Lo primero es aletear un poco para lo que nos dicen que usemos el jacket totalmente hinchado como flotador  y demos varias vueltas a la piscina. Llega el momento de ponerse el jacket para lo que Boychi  nos comenta un truquito que facilita el ponérselo en el agua. Nos ponemos frente al chaleco, con la botella mirando hacia abajo, damos un saltito a la vez que nos giramos como si fuesemos a sentarnos en la parte inferior de la botella, pero buscando las hombreras del jacket y.. voilá, ya está puesto. Ajustamos el cinturón y las cinchas de hombros y ya esta todo listo.  Ya hemos establecido el sistema de compañeros, vital y obligatorio en el buceo, asi que nos dedicamos a revisar el estado general del equipo de nuestro compañero y viceversa.

         Y comenzamos a hacer burbujas. Primero de manera suave. Los instructores nos piden que miremos simplemente los pies, tranquilamente. Este gesto nos obliga a meter la cara en el agua y comprobamos como el aire limpio nos llega a través del regulador. Para los que no lo habían probado antes imagino que este sencillo gesto tranquiliza y hace que sientas seguridad y confianza en el equipo. Con un gesto nos dicen que nos sumerjamos para ponernos de rodillas. Una cosa que parece sencilla por escrito fue un auténtico caos de piernas y brazos. ¡Que difícil resulta sumergirse con el equipo y guardar el equilibrio a tan poca profundidad! Realmente parecemos astronautas en total ingravidez, con nuestros movimientos ralentizados. Al final, no se como, conseguimos mantener la posición haciendo un corro al rededor del instructor. El siguiente ejercicio consistió en quitarnos el regulador de la boca, dejarlo caer y recuperarlo haciendo una pequeña inclinación hacia la derecha. Lo único que hay que hacer es ponérnoslo en la boca y soplar enérgicamente para liberar el agua de su interior. En el caso de que vayamos cortos de aire se puede utilizar el botón de purga que incorpora el propio regulador. Es un ejercicio sencillo pero que una vez más trata de dar confianza al buceador inexperto. El aire esta asegurado asi que a por el siguiente ejercicio.

          Y no es otra cosa que liberar el agua que incidentalmente pueda entrar en la máscara. Para ello se inclina la cabeza un poco hacia atrás y se suelta aire por la nariz al tiempo que se pulsa ligeramente la mascara sobre la frente dejando una pequeña apertura por la parte inferior por la que se libera el agua empujada por el aire que le hemos metido. El ejercicio tiene su miga y cuesta acostumbrarse. Recuerdo que en nuestra anterior experiencia en buceo nos sugirieron que permaneciéramos bajo el agua un rato sin máscara, tranquilos, respirando solo por la boca. Al rato procediamos a ponernos, tranquilamente, la máscara y a liberar el agua tal y como hemos dicho, pero creo que el contacto previo con el agua facilitaba el control de las vías respiratorias y hacia más fácil el ejercicio y el irse acostumbrando a su mecánica.

                Después de unos cuantos intentos nos dan instrucciones para que comencemos a bucear, practicando continuamente el buceo con compañero, es decir, no perdiendo de vista a nuestra pareja de inmersión, siempre cerca, y, en caso de ir primeros irnos volviendo de vez en cuando. De esta forma llegamos a la parte más profunda de la piscina y comenzamos a experimentar otro de los problemas de las inmersiones. Levemente, por que aun es poca profundidad, pero nuestros oídos comienzan a zumbar debido a la presión. La forma más común de compensar la presión es pinzar la nariz y soplar suavemente por ella. A mi esta técnica me funciona solo de forma irregular, así que suelo usar una que me es más efectiva. Cada pocos metros voy haciendo el gesto de tragar y muevo las mandíbulas. Esto también compensa los oídos y para mi resulta más fácil y cómodo. Cada poco los instructores nos preguntan la presión disponible en nuestras botellas. Cada poco también la miramos nosotros (no se nos olvida que estamos bajo el agua). Les devolvemos la información mediante señas acordadas.

                El siguiente ejercicio versa sobre flotabilidad y ajuste fino de la misma. Para convencernos del efecto que tiene el aire de nuestros pulmones sobre nuestra flotabilidad (y por tanto nuestra profundidad) realizamos un ejercicio en el que buscamos alcanzar en el fondo una flotabilidad neutra (ni nos hundimos ni flotamos) y, una vez conseguida comprobamos el efecto de respiraciones más o menos profundas. Si lo hemos hecho bien nuestras respiraciones deberían hacernos pivotar sobre nuestras aletas, elevándonos cuando inspiramos y devolviendonos al fondo cuando liberamos el aire. Acto seguido comenzamos a hacer un ejercicio en el que nuestro compañero nos indicaba mediante señales la falta de aire y procedíamos a ofrecerle  la segunda fuente de aire del octopus. En mi caso, aunque el intercambio se hizo bien, una confusión en como debía acabarse el ejercicio (yo pensaba que en superficie) hizo que nos liáramos y que yo acabara tragando un poco de agua. Fue solo una confusión y un pequeño susto, pero Boychi, justamente, nos reclamó estar más atentos. Un fallo en la coordinación puede dar un susto.

               Una vez hechos los ejercicios básicos nos dejaron gastar el aire de las botellas  hasta que quedaran por encima de las 40 atmósferas, lo cual fue un gustazo. Fue como el recreo después de una clase.

                   Eran ya las 15:00 asi que decidimos hacer una parada para comer  (un poco de tapeo y cervecitas) en uno de los bares cercanos al campus. La clase teórica se inició sobre las 16:30 y básicamente consistió en el repaso de los temas que habíamos estudiado en casa, aclarándonos algunos puntos que parecían dudosos o poco claros. Acabamos relativamente pronto, terminando por dar la documentación que faltaba al instructor (fotografías y certificados médicos) y acordando la próxima cita, para el 18 de junio, donde realizaremos ya una inmersión en aguas abiertas. ¡Todos lo estamos deseando ya!