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              Al poco de comenzar a realizar inmersiones con nuestro instructor, Boychi, nos percatamos de la presencia de un hombre que no perdía la ocasión de  realizar una inmersión, si el tiempo lo permitía. Se trataba de Carlos González, padre de Boychi y conocido por todos como Charlie. Con un espíritu afable e increiblemente jovial nos regalaba los oidos con mil y una experiencias de buceo. Y no es para menos. Charlie viene buceando desde el 73, cuando eso era prácticamente materia de ciencia ficción en España y muy alejada del uso popular que tiene hoy día. Recientemente Charlie adquirió una cámara  de video XTC, igualita a la que perdí yo recientemente en las cumbres de Sierra Nevada. Como quiera que Charlie es un buzo extraordinario, habiendo podido tomar algunas secuencias más allá de la frontera de los 40 metros, y que yo ando ahora haciendo mis pinitos con los montajes de video, le sugerí que me pasara sus imágenes para que pudiera editarselos. El video lo podreis ver más abajo, pero antes no me he podido resistir a hacerle algunas preguntas, que nos permitirán conocer aun más el perfil de este buzo sexitano de adopción.

Del Monte a la Mar (DMM) – ¿Cómo fue tu primer encuentro con el mar?

      Carlos Gonzalez (Charlie) – Nací en Madrid y a pesar de eso siempre me he sentido atraído por el mar, los peces y el agua en general. Como muchos niños disfrutaba en vacaciones poniéndome unas gafas y un tubo para poder observar ese otro mundo. Fue en el año 73 cuando vine a vivir a Almuñécar y empecé a hacer pesca submarina por esta zona. Es una iniciación como la que han tenido muchos jóvenes de mi edad. Pero algo que cambió radicalmente mi relación con el medio marino fue cuando unos franceses que estaban buceando con botellas me dejaron el resto de aire que quedaba en una de ellas y me di una vuelta. De pronto todo cambió. Ya no había que apresurarse a volver a la superficie. ¡Podía respirar debajo del agua! Ahora tenía tiempo para fijarme en muchas cosas que siempre habían estado allí pero que ignoraba por la premura del tiempo de inmersión en apnea. Ese momento nunca lo podré olvidar.

           (DMM) – ¿Qué es lo que has encontrado en el azul para enamorarte de tal manera que lo has convertido casi en tu segunda casa?

             (Charlie) – Como te decía, siempre he sentido esa atracción por el mundo marino. Más tarde cuando hacía pesca submarina se vio acentuada por ese sentimiento atávico de cazadores que todos los humanos llevamos dentro de nuestro ser, de igual modo que la atracción por el fuego u otras costumbres que seguimos guardando en nuestro primitivo ADN. 
             En mi caso, comienza a ser preocupante esa continuidad después de tantos años, porque disfruto igual ahora como al principio con las inmersiones. Puede ser la tranquilidad que se vive allí abajo; Puede ser la falta de gravedad; Puede ser la curiosidad por convivir con todos esos animales que están en ese otro medio; Puede ser por compartir inquietudes con otros buceadores llegando a entablar entrañables amistades; Puede ser porque te permite huir de los problemas de esta vida terrena… Probablemente por todas esas razones.

 (DMM) – Entonces, ¿Pesca submarina o Buceo con botellas?

         (Charlie) – La pesca submarina puede ser una pasión. Una pasión obsesiva para algunos, que ven como progresivamente van adquiriendo mayores facultades para tal deporte. Bajan más, aguantan más tiempo sin respirar debajo del agua, aprenden a prever las reacciones del pescado… pero cada vez esas facultades les acercan más al accidente y al llamado “síncope del apneista” que en ese medio es frecuentemente mortal. Los buenos pescadores capturan muchos peces. Es una alegría que se siente que es difícil de describir. Lo malo de esto es que esa alegría dura lo que la vida del pescado. Un pescado que, según el pescador, está en el fondo del mar y “no es de nadie”. Como ya he dicho, yo empecé como pescador y he cambiado totalmente mi forma de pensar a este respecto. Ahora pienso que por el contrario, esos peces “son de todos”. Si se mata un pescado, se priva a todos los cientos de buceadores que vienen a nuestra Costa Tropical del disfrute de ese espectáculo. Es pues, egoísta por su parte tal actitud y consecuentemente tal deporte. Sé que ellos no lo ven así y no se les puede culpar de ello pero no cabe duda de que sería mucho más solaria tener un paisaje submarino lleno de vida en lugar de uno desértico. Así todos podríamos disfrutar de esos “peces de todos” y no solo unos pocos, matándolos.  

(DMM) – Has conocido otros fondos del mundo, ¿verdad?

          (Charlie) – Si. No tantos como yo quisiera, pero he buceado en la Costa Azul, en Croacia, en Turquía, en Malta, en Túnez, en Marruecos, en Portugal, en Kenia, en Egipto, en Costa Rica y en Cuba. Cuando yo empecé a bucear casi nadie salía de España sino para ir a trabajar. Ha sido luego, con el desarrollo del país que la gente empezó a viajar por placer y últimamente es muy fácil encontrar ofertas para ir una semana a Indonesia o Papúa Nueva Guinea, al otro lado del mundo, cosa impensable en otras décadas.

               (DMM) – Y en España ¿Que fondos recomendarias como visita obligada?

(Charlie) – Lo que más conozco, por supuesto, es el Mediterráneo. Las Baleares nos ofrecen unas aguas clarísimas pero muy pobres de vida. Otro tanto en la Costa Brava. En cuanto al Atlántico y el Mediterráneo cercano al Estrecho el agua es más turbia en general pero tienen más nutrientes y por consiguiente, más vida también. Las Canarias son muy interesantes para el buceo por la temperatura templada y claridad de sus aguas complementado todo ello con su rica fauna y precio asequible. 

           No cabe duda de que lo más interesante para bucear, son las reservas marinas que con más o menos éxito, de acuerdo a la mayor o menor vigilancia, son oasis de vida dentro del agonizante Mare Nostrum. Entre estas reservas, destaca en primer lugar, Cabo de Palos en Murcia, para mis amigos y yo una maravilla digna de ser imitada, copiada y repetida por toda nuestra geografía con el aliciente de la relativa cercanía en la que se encuentra de nosotros. Otras reservas comparables pueden ser las Islas Medas en Cataluña y las Islas Columbretes frente a Castellón. Sin embargo la distancia hasta las primeras y la dificultad de una travesía de 30 millas en las segundas, las hace poco accesibles. Dentro del Mediterráneo está la isla de Alborán que he conocido en diferentes situaciones: Destacamento militar primero, luego abandono absoluto que dio lugar a un estado totalmente anárquico y de piratería y ahora de reserva integral por lo que es prácticamente imposible acercarse a la isla. Resumiendo: Cabo de Palos.

(DMM) – Cual ha sido tu inmersión favorita, donde más disfrutastes, en tu vida como buceador?

            (Charlie) – Creo que si tengo que elegir un sitio entre los que conozco, sería la Isla del Coco en el Pacífico. Una pequeña isla perdida en medio del océano donde confluyen varias corrientes que hacen de este entorno un sitio con mayor número de animales marinos del planeta. Grandes manadas de peces martillo, tiburones punta blanca, acompañados de enormes grupos de carángidos y en general todo tipo de peces. Pero la inmersión con más adrenalina fue la que se hace por la noche en medio de cientos de tiburones punta blanca que en su ciega oscuridad de la noche salen a cazar peces que se ocultan como pueden entre las piedras y corales en medio de un frenesí. Es imposible describir tal espectáculo. A todos nos roía la duda de lo que hubiera podido pasar si uno solo de ellos se hubiera equivocado y por error mordiera a alguno de nosotros, caso que nos aseguraron, nunca había sucedido pero que a todos nos asustaba, 

         El Mar Rojo también es un lugar que reúne muchas ventajas: Agua clarísima y caliente, mucha fauna de interminable colorido y también, ¿Por qué no decirlo? con un precio muy asequible teniendo en cuenta las distancias y el confort de los barcos en los que, sobre todo, se bucea intensamente durante casi todo el día. En realidad se va a eso: a bucear. Por ello, yo ya he ido nueve veces allí y nunca me ha defraudado.

 (DMM) – Y de todos los rincones del mundo eliges a Punta de la Mona como tu paraiso particular ¿Qué tiene que ofrecer esta inmersión?

         (Charlie) – Vamos a ver… Las circunstancias me trajeron en su día a este rincón del mundo, que como todo en la vida, tiene sus ventajas e inconvenientes. Almuñécar y la Herradura reúnen una serie de cosas que en mi caso, se acercan a la perfección. La Punta de la Mona es un sitio que nunca te defrauda: Principalmente siempre puedes bucear allí. Haya poniente o levante siempre puedes encontrar resguardo. El roqueo (que es donde vive principalmente todo el pescado) llega hasta los 50 metros de fondo, lo que permite regenerarse a las diferentes especies autóctonas porque los pescadores submarinos no llegan en apnea hasta esa profundidad. Por otro lado, al ser un cabo origina muchas corrientes que ayudan a la alimentación de todas sus especies marinas.

Probablemente sea yo la persona que más veces haya buceado en la Punta de la Mona. No sabría decir ni por aproximación cuantas, después de tantos años. Y sin embargo, cada vez que vuelvo a hacerlo, descubro algo nuevo, alguna cueva que había pasado por alto…etc.

(DMM) – ¿Cómo era antes y cómo es ahora el buceo?

       (Charlie) – Cuando llegué a Almuñécar el material de buceo era escasísimo y muy precario. Me acuerdo que se “reciclaban” botellas de aire comprimido de algunos aviones. Se aprendía a bucear sin ningún método y con casi ningún medio. Había un solo compresor en la gasolinera de La Herradura que muy frecuentemente estaba averiado. Ningún control ni de botellas ni de compresor ni de nada de nada. Los reguladores que se usaban solían ser de algún francés que lo vendía al terminar sus vacaciones. No existían los Jackets ni los octopus y se buceaba con lo imprescindible. Se buceaba con tablas, ya que faltaba mucho para llegar al Aladin. Aproximadamente se decía que había una regla “de andar por casa” que nos permitía estar dentro de la seguridad: 30 minutos a 30 metros de profundidad había que hacer 3 minutos de descompresión a 3 metros. (Totalmente insuficiente y peligroso) Por eso eran frecuentes los casos de ataques de descompresión, muy difíciles de tratar porque casi no había cámaras exceptuando la de la Armada de Cartagena.

Por eso, hoy en día, se bucea con una seguridad infinitamente mayor que entonces y al disponer de más dinero la gente se compra lo necesario para bucear como Dios manda.

(DMM) – A juzgar por lo que has visto y ves ahora ¿Qué se podría hacer para mejorar la situación?

       (Charlie) – Hoy en día, hay mucha menos fauna en general en el mar. Da pena ver esos paisajes vacíos que antes estaban llenos de vida. Sin embargo, al contrario de lo que pasa en tierra, el mar es muy agradecido y bastaría con ponerse de acuerdo para dictar normas y leyes para hacer respetar diferentes zonas delimitadas claramente con vedas y declaración de reservas marinas. Además se haría necesaria una estricta vigilancia día y noche para su mantenimiento. Al cabo de una década se volvería al estado en que se encontraban en el pasado.

          Con esa misma intención, se debería fomentar el hundimiento de barcos que se encuentran en estado ruinoso en muchos puertos españoles que servirían de arrecifes artificiales que tan buenos resultados están dando en otras zonas marítimas. Por un lado serían un obstáculo para los arrastreros que faenan en aguas poco profundas y por otro crearían unos hábitats que serían la atracción turística de miles de buceadores que vendrían a admirar la vida de nuestros fondos.

      De todo esto, tengo la esperanza de poderlo ver algún día.

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             Y ya sin más os dejo con las magníficas imágenes tomadas por Charlie de las profundidades de Punta de la Mona. Podremos ver aqui al famoso abadejo y al mero que tanto encandilan a este buceador. ¡Que lo disfruteis!

El típico Hola Mundo!

Publicado: 21 mayo, 2011 en Blog, Presentaciones

Antonio salinasBueno, esta es la primera entrada de este Blog. Me llamo Antonio Salinas, y al margen de otras muchas hierbas, soy montañero. Vivo en Granada, al sur de España, donde se extiende el magnífico macizo montañoso conocido como Sierra Nevada, con la mayor altitud (3478 m) de la península ibérica. En este territorio he aprendido lo que se sobre montaña, desde media montaña (con mis tiernos inicios como scout en la Asociación de Escultismo Andaluz) hasta más recientemente y poco a poco las técnicas alpinas necesarias en periodo invernal o alta montaña. Pero ahora he aquí que mi buen amigo, mi hermano postizo como solemos decir ambos, me ha metido en una nueva aventura. Nos hemos apuntado a un curso de buceo, a través de PADI (Professional Association of Diving Instructor) para obtener la licencia Open Water Diver que nos permitirá bucear en cualquier agua del mundo. Para ser sinceros no es la primera vez que buceamos. Recuerdo hace ya casi diez años que una vez más en una de nuestra locuras cambiamos una instalación eléctrica (por aquel tiempo realizábamos chapuces de electricidad) por un curso de buceo. Cuando llegamos a la cochera de nuestro cliente (lugar de trabajo) vimos la zodiac, los neoprenos, las botellas. Kiki y yo nos miramos y no hizo falta decir nada más. Al cliente, con grado de instructor, le convencimos fácilmente. Solo pagaría los materiales y a cambio nos enseñaría todo lo necesario para realizar una inmersión.

Y así fue. Recuerdo que fue la experiencia más alucinante que había hecho nunca. Me sentía como un astronauta, escuchando mi respiración, respirando, viviendo en un medio hostil para el ser humano pero lleno de una enorme y desconocida belleza. Salimos alucinados, pero desgraciadamente, aunque nos enseñó bien no podía darnos ningún tipo de licencia, así que aquella  experiencia se quedó en una experiencia extraordinaria, pero única.

Recientemente Kiki me comentó que existía la posibilidad de que realizáramos el curso que se da en la Universidad de Granada para los biólogos marinos, a precio de amigo. Y no tardamos en apuntarnos. Celia, mi compañera. mi media naranja, también se ha apuntado así que espero compartir con ella muchas aventuras.

Así pues este blog, si me animo a continuarlo, sera el diario de un montañero metido a buzo. Iremos desde las cimas hasta los fondos marinos (y a veces en su superficie mediante el kayak oceánico).  Será el lugar donde vaya apuntando lo que voy aprendiendo y lo que voy disfrutando, sobre todo para que no se me olvide. En definitiva, un reflejo de mis aventuras.

¡Abrazos a todos, amigos mios! ¡Ya os iré contando!