Archivos para abril, 2015


Por Antonio Salinas

Fotografías: Jesús Molina 

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                    En la zona de montaña controlada por el Refugio del Postero Alto, en pleno Parque Nacional de Sierra Nevada, se alza un pico de nombre humilde pero que, sin tener dificultades técnicas, ofrece un aceptable desafío de resistencia. Cerro Pelao se alza junto al apretado conjunto de cimas al que se unen Picón de Jerez y el casi mimetizado Puntal de Juntillas. El ataque al conjunto Picón-Juntillas-Cerro Pelao se puede hacer por dos vías básicamente. La más técnica transcurre por el alpino y agreste Barranco del Aloriz, de singular belleza. Para esta vía son necesarias cuerdas en algunos puntos y una profunda comprensión de los sistemas de anclaje y de la nieve. Es un peligroso camino de avalanchas, así que hay que ser muy precavido durante toda la progresión. La segunda vía, menos técnica pero que pondrá a prueba nuestras capacidades de resistencia, transcurre por la Loma de Enmedio. Dado que con nosotros venían compañeros que se estaban iniciando en el conocimiento alpino, decidimos realizar la ruta por esta última vía, más segura, asegurándonos así un gran día alpino.

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Track en wikilock de la ruta (cortesía Rincón del Viajero)

                  En esta ruta formábamos cordada Javier Ponce, Jesús “Chechu” Molina, de la Granadina de Espelobarranquismo, José Antonio “Kiki” Martín, del Rincón del Viajero, y quien esto subscribe. Tras nuestro encuentro a poco más de las 6:00 de la mañana iniciamos la ruta en coche hasta el Refugio Postero Alto. Las primeras luces nos sorprendieron en la pista forestal, que se encontraba increíblemente transitable y que ya comenzaba a mostrar las primeras manchas de nieve. Nos apeamos del coche, estiramos piernas y comenzamos a organizar el equipo. Al no llevar la cacharrería de las rutas técnicas era ligeramente más ligero, aunque aun así Kiki y yo llevábamos también pala de nieve, sonda y ARVA. Era de esperar que la loma inicial estuviera bastante limpia de nieve, pero una vez accediéramos al altiplano que antecede a las cumbres posiblemente nos encontráramos con acumulaciones de nieve procedente de las cumbres cercanas y era prudente llevar ese equipo adicional.

                Comenzamos la subida abandonando el refugio a través del amplio cortafuegos que encara las cimas. Los pinos11046773_953503661348335_2456105019404288641_n cercanos nos rodean con su olor limpio. Los pájaros saludan a la mañana. Pronto el cortafuegos desaparece y nos queda un ligero sendero, un leve trazo en la ruda piedra. A partir de aquí el sendero eleva su inclinación, que parece querer llegar a las cumbres con voracidad, discurriendo serpenteante entre piornales. No hay nieve aun, así que el ascenso es rápido. Como mantenemos siempre la vista al frente no somos realmente conscientes de la razón de ese repentino cansancio que parece anidar en nosotros. Una mirada rápida a nuestra espalda nos revela que el refugio se ha quedado allá abajo, muchos metros allá abajo.  Comienzan a surgir los primeros neveros, ligeros al principio, que sorteamos sin dificultad. Pasamos junto a unas ruinas hoy día casi 10425455_953504081348293_6282331094842284308_ninapreciables, Las Casillas de los Rojos, débil recuerdo de la pasada Guerra Civil.  Los machos de cabra montés se han hecho del señorío de estas tierras aportando cordura a un territorio hermoso, aun ahora alejado del hombre.

           Las palas de nieve son cada vez más abundantes, pero siendo todavía terreno mixto no nos animamos a poner crampones. Como la nieve no es dura optamos por pasar los neveros con cuidado, empleando la técnica de ir creando escalones mediante golpes secos de bota. Así llegamos al Puerto de Trevelez, donde la loma se recrudece y se muestra completamente  cubierta de nieve en su vertiginosos ascenso hasta las Piedras de los Ladrones. Decidimos poner crampones por que la pala es ya considerable. 11050828_953503958014972_2392919979027454380_nLas Piedras de los Ladrones (2.944 metros) son un conjunto de rocas amontonadas que ofrecen refugio para un eventual vivac. La zona, muy venteada, está descubierta de nieve y ofrece un cómodo lugar de descanso. La altitud se nota ya en este punto. Los pasos son cada vez más pesados y, mientras nos desplazamos por el pequeño altiplano cubierto de nieve descompuesta, vemos que se nos ofrecen dos alternativas. O realizamos un ataque frontal a Cerro Pelao, que ya podemos ve ver frente a nosotros, o ascendemos primero a la cuerda del Puntal de Juntillas para encarar la última parte. Optamos por esto ultimo llevando nuestros pasos y nuestra carga como podemos. Yo me siento algo mareado. Creo que se debe al hecho de que no llevo gorra (despiste, se me olvidó). Se lo comento a los compañeros y Kiki rápidamente me da un suplemento de azúcar y me obliga a ponerme un puff en plan pitufo explorador. Poco a poco me r11038700_953504734681561_7854973314239931928_necupero y la salvaje belleza de Sierra Nevada me vence al asalto cuando alcanzamos la cuerda del Puntal de Juntillas. Frente a nosotros se extiende el amplio muro de tres miles del parque. Las norte de Mulhacen, Veleta, Machos y Alcazaba se nos muestran desafiantes. Más cercanos el Puntal de los Cuartos y su espectacular cresta hasta el Pico del Cuervo. A nuestra derecha, casi inapreciable, Picón de Jerez, y a nuestras espaldas, magnífico y espectacular, el Ventisquero del Carbón, el circo que conduce hasta el Barranco del Aloriz. La zona nuevamente está despejada de nieve y aprovechamos para sacar el resto del equipo de progresión. El camino que queda hasta la cima está cubierto de hielo duro, así que se hace recomendable utilizar casco y piolet.

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                          Aunque la cima parece aun un solido bloque de roca y hielo, en realidad queda muy poco para alcanzarla y así resulta ser. En cima coincidimos con otros tres grupos que de forma independiente han atacado esta cumbre por diferentes vertientes. Durante unos minutos saboreamos la cima alcanzada, el esfuerzo que ha sido necesario y la sobrecogedora belleza disponible para el que ha estado dispuesto a pagarlo. El viento, continuo aunque no molesto, nos recuerda donde estamos y que nuestro paso por allí es breve.

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                       Iniciamos el descenso, con precaución en la primera parte que sigue helada hasta alcanzar las Piedras de los Ladrones. Nuestros ojos permanecen vigilantes mientras descendemos, por que siguen subiendo equipos por encima nuestro y las palas de nieve tienen la inclinación adecuada para generar avalanchas. Una vez que llegamos a la Piedra de los Ladrones quitamos crampones y aprovechamos para comer. Estos suelen ser los mejores momentos en toda cordada, con la cima hecha, llenando el estómago y hablando de mil cosas y anécdotas. Hermanamiento de montaña fraguado con sudor, debilidad y fortaleza.

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                      Solo nos queda descender la inmensa Loma de En medio, haciéndonos conscientes de todo lo que ha habido que subir. En el refugio esperan cervezas.

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