Archivos para diciembre, 2014


Mojon del Trigo

          Como montañeros de altura nuestras sendas nos conducen casi siempre por inmensos paisajes, alejados de la seguridad de las estaciones de esquí. Ese paisaje, de una brutal belleza, esconde un peligro dormido en sus entrañas que puede segar nuestra vida o la de nuestros compañeros de cordada: el alud, que como un feroz animal permanece emboscado esperando que alguien pase por la trampa tendida.

         Es necesario que la comunidad montañera sea consciente del peligro real al que nos enfrentamos. Mis rutas de montaña normalmente se realizan en el Parque Nacional de Sierra Nevada, un magnífico macizo montañoso de más de 2000 Km2 y poseedor de la mayor altitud, después de los Alpes, en el continente europeo. Sin embargo, su cercanía con la ciudad (no dista más de 30 Km de la ciudad de Granada) y su relativa accesibilidad, logra crear una falsa sensación de seguridad entre sus visitantes, casi como si de un parque periurbano se tratase. En Febrero 2011 John, Salvador y Julio salieron con la intención de hacer una travesía invernal hasta el Veleta. Conocedores del medio reconocieron el peligro inminente que guardaba el Corral del Veleta, así que decidieron darse la vuelta. En su retorno, casi cuando estaban finalizando la ruta, y mientras se encontraban en las proximidades de la cabecera del San Juan (cerca ya del Mojón del Trigo), la cornisa nívea se desplomó sobre ellos. Salvador, uno de los supervivientes, recordaba así lo sucedido: “John iba primero y nos había dicho que nos separáramos bastante como medida de seguridad, alrededor de 10 metros cada uno. De pronto escuché como tres truenos, miré a John un instante y luego me giré. Entonces vi como si una ola del mar se viniera contra nosotros y traté de recordar las conocimientos para este tipo de situaciones. Aunque nunca estás preparado para algo así, me tiré como si del mar se tratara y comencé a mover los brazos para mantenerme en la superficie y conseguir tener espacio para respirar. Cuando por fin paró, me di cuenta de que tenía comunicación con el exterior y pude hacer algo. Lo primero que hice fue llamar al 112 y de inmediato comenzaron a socorrernos“.

            La Guardia Civil elaboró el siguiente vídeo simulando las condiciones de la tragedia.

           Desgraciadamente aquel alud supuso la muerte para uno de sus integrantes. John desapareció bajo el manto blanco y pese a los esfuerzos por encontrarle de los diferentes equipos de rescate, hubo que esperar meses, concretamente al 18 de mayo, hasta poder encontrar su cuerpo a 400 metros del punto en el que fue engullido. Era un montañero experto, de hecho tomó algunas medidas para preservar la seguridad del grupo. Entonces ¿que es lo que falló?

       Nuestra montaña mata. Sus suaves laderas esconden la potencia salvaje del invierno. Las enormes acumulaciones de nieve provocadas por los recientes temporales de invierno y las súbitas subidas de temperatura crean  un terreno cada vez más inestable e inseguro. Es por ello que los amantes de la alta montaña debemos ser algo más que senderistas de altura. Nos enfrentamos a un enemigo bello, hermosamente mortal, y es una obligación aprender como respira, distinguir las ligeras variaciones de su gélido aliento. Luchar, en definitiva, por nuestra vida y por la de nuestros compañeros.

            Las presentes líneas, que se sucederán en varias entradas, están destinadas a transmitir aquellos conocimientos que he adquirido a mis compañeros de cordada, en definitiva los garantes de mi propia seguridad. Espero que la información aquí reunida les sea de ayuda a ellos y a todo aquel que acabe su navegación en este humilde blog.

Nivología: Conociendo la Nieve

             Al igual que un marino reconoce el estado futuro de la mar por los ligeros matices que lee en el horizonte, el montañero debe aprender a reconocer el estado del terreno que le rodea para tratar de evitar, por todos los medios, el accidente mortal. No es una tarea fácil. La nieve es un material moldeable que esconde la mayoría de las veces su auténtico estado. Por esta razón no debemos guiarnos simplemente por su estado aparente, sino tener en cuenta otros factores, más sutiles, que nos ayuden a conocer su estado real.

            ¿Pero que es la nieve? La nieve no es otra cosa que una acumulación de diminutos cristales de hielo y a su conocimiento se llama nivología. Los cristales de hielo tienen una estructura fractal en la que sus angulosos bordes se traban unos con otros formando los copos de nieve. La estructura de un cristal de hielo es siempre hexagonal, con seis brazos iguales.  A continuación podéis ver la imagen de un cristal de hielo, aunque la variedad de ellos es prácticamente infinita.

cristaldehielo

              Es observable y es intuitivamente fácil de entender que los copos de nieve variaran su cohesión dependiendo del nivel de trabado que puedan alcanzar estos cristales, y esto está directamente influido por la forma de su bordes angulosos. También sabemos que estos cristales no son materiales sólidos e inamovibles. Las diferentes condiciones climáticas pueden alterar su forma y por ende los bordes que mantienen la nieve cohesionada. Indudablemente lo que más puede afectar a la fusión de estos cristales de hielo es la temperatura, aunque esto viene influido por el poder de albedo o reflexión de la propia nieve. La nieve blanca, impecable, recién caída tiene aproximadamente un 90% de poder de reflexión, con lo que la temperatura absorbida por la incidencia solar es muy pequeña. La nieve sucia, la típica nieve grisácea o amarronada que indica la nieve antigua, absorbe mucho más la temperatura con lo que sus cristales tenderán a fundirse mucho antes.

        El aire es otro factor en cuenta, por que en definitiva es otro conductor de la temperatura ambiente. El aire sin movimiento es un mal conductor, por que la superficie en contacto con la nieve es siempre la misma y las temperaturas tienden a equilibrarse. Sin embargo cuando en el aire hay turbulencias las distintas capas de aire que rozan la superficie nívea, si estas están por encima de los 0º, aumentan la temperatura y tienden a fundir más rápidamente la nieve.

        La lluvia obviamente también provoca la fusión de la nieve al caer sobre ella con una temperatura superior a los 0º.

         Todas estas cuestiones las veremos con más detenimiento un poco más adelante. Lo importante es que asumamos lo sutil de la cohesión nívea y lo que importan factores externos a la propia nieve. Y, aunque la nieve es el centro de nuestra atención, conviene comprender las circunstancias que la posibilitan y en última instancia conforman los distintos tipos de nieve que nos podemos encontrar.

Un poco de Meteorología de Montaña

                  La meteorología, en ultima instancia, determina el campo de juego en el que se desarrollaran nuestras actividades. Lo queramos o no, sus rumbos y maneras determinarán las condiciones de la zona por la que vamos a transitar. Por esta razón resulta de enorme importancia que el montañero adquiera las destrezas necesarias, no solo para interpretar un parte meteorológico, sino también a discernir las condiciones creadas por la meteorología y a distinguir los rápidos cambios que se sucedan al rededor de él.  Porque en montaña, en alta montaña, los cambios son rápidos, produciéndose incluso discrepancias con los partes meteorológicos generales. Esto es así porque una cordillera es un elemento masivo, tremendo, que obliga a los vientos a cambiar sus rumbos y altitudes de forma brusca, alterando los modelos meteorológico estándar. Los partes meteorológicos que normalmente consultamos en los medios de comunicación o en la web, que podríamos llamar generalistas, utilizan una escala denominada sinóptica, muy eficaz para describir grandes condiciones ciclónicas para una anchura de 1000 Km. Sin embargo el carácter local de las montañas requiere utilizar otra escala, denominada mesoescala, que abarca de 1 a 100 Km, mucho más precisa y adecuada para estudiar la evolución tormentosa en alta montaña. Esta última escala es la que usan los expertos meteorólogos de los servicios de montaña para determinar las condiciones de riesgo en sus instalaciones, pero desgraciadamente no suele estar disponible para los aficionados a la montaña. Y tampoco existen partes meteorológicos específicos para

                A grandes rasgos podemos distinguir dos tipos de climas de alta montaña: el marítimo y el continental.

  • Clima de Montaña Continental.  Se produce en las masas montañosas situadas en el interior de los continentes.  El aire seco que las rodea provoca que las precipitaciones sean escasas y las temperaturas relativamente bajas. Hay poca profundidad en la nieve pero esta es frecuentemente inestable debido a debilidades estructurales del manto nivoso. En este tipo de clima la capa de nieve antigua es la que suele fracturar.
  • Clima de Montaña Marítimo. Se produce en aquellas cordilleras cercanas a la costa. La humedad cercana provoca grandes precipitaciones (de nieve si se dan las condiciones adecuadas) y genera temperaturas relativamente templadas. Las condiciones de inestabilidad suelen sobrevenir después de la nevada, en la nieve reciente cercana a la superficie. El aire relativamente templado cohesiona rápidamente la nieve, por lo que la condición de inestabilidad post-nevada dura poco tiempo. Sin embargo otras características de este clima (lluvia, temperaturas altas) pueden crear condiciones de inestabilidad mucho después de la nevada inicial. La lluvia puede crear costras heladas que origine planos de deslizamiento en futuras nevadas.

         Cabe decir que estas circunstancias no son únicas y que lo más frecuente es que nos encontremos con modelos de transición que incorpore en diferente grado aspectos de los dos modelos. Un caso típico de esto es el macizo de Sierra Nevada, tremendamente influido por el clima cálido y húmedo del Mar de Alborán, pero en el que la gran carga nívea viene provocada por los vientos continentales del norte. Por que son los vientos y no otro elemento, los grandes moldeadores del invierno en la montaña.

El Viento

                El viento es el señor y el gran modelador de las cumbres. Su fuerza erosiona riscos y puede transformar la nieve existente o la que se está produciendo en una situación de potencial riesgo. Su velocidad, dirección y el tipo de precipitación resultante son uno de los factores más importantes a la hora de establecer los riesgos de avalancha. Podemos distinguir dos componentes principales en todo viento; el componente horizontal y el componente vertical. El componente horizontal viene marcado por los factores de velocidad y dirección del viento. Tanto la dirección como la velocidad del viento son valores que se ven modificados por la altitud del mismo. Es decir, mientras que el viento a gran altitud presenta unos valores más o menos limpios dependiendo de las diferencias de presión de la atmósfera, cuanto más nos acercamos al terreno más influye éste en ralentizarlo (debido a su rozamiento con el terreno) o a cambiar su dirección. Cerca de las cumbres imperan estos valores limpios de los que hablábamos al principio. Los vientos, poco afectados por el terreno circundante, soplarán con una velocidad que vendrá determinada por la diferencia de presión entre dos zonas y una dirección que irá de la zona de más presión a la de menor presión. En un mapa meteorológico típico las zonas de presión de la atmósfera vienen marcadas por las líneas de isobaras (que unen puntos de igual presión) . El viento soplará en angulo con estas líneas hacia la zona de menor presión, con una velocidad que vendrá dada por la cercanía de estas lineas. A mayor cercanía, mayor diferencia de presión y más velocidad.

        Sin embargo el factor que más influye en las nevadas es el componente vertical, es decir la velocidad de ascenso del viento. Por lo general cuando los vientos ascienden generan nubes y precipitaciones, más abundantes cuanto más veloz sea. Por contrapartida los vientos descendentes despejan y resecan los cielos. Esto es así por que cuando el aire cargado de humedad sube, la temperatura de este desciende debido a que se expande al encontrar una menor presión. Mis amigos buzos saben por experiencia lo calientes que se ponen las botellas cuando comprimimos aire en su interior y lo frio que el aire sale de la botella cuando la vaciamos. Los motivos son los mismos. El aire que se expande se enfría, mientras que el que se comprime se calienta.

          La pérdida de temperatura depende de la humedad que contenga el aire. En general podemos hablar de que un aire seco pierde alrededor de 1ºC por cada 100 metros de elevación, mientras que el aire húmedo vendría a perder 1ºC cada 200 metros de elevación. Cuando el aire disminuye su temperatura lo suficiente se alcanza el punto de rocío, el aire se satura al 100% de humedad y comienza a precipitar. Dependiendo de la temperatura y las condiciones esta precipitación será de agua o de nieve.

          Existen cuatro modelos típicos para explicar el ascenso del aire:

  1. Modelo ciclónico o de convergencia. Este modelo afecta a grandes zonas. Nuestras cumbres se verán afectadas en la medida que se encuentren inmersas en la zona ciclónica. Este modelo indica que en el hemisferio norte, debido a las fuerzas Coreolis, el aire circula en sentido contrario a las agujas del reloj y hacia el centro (zona de baja presión). En esta zona central el aire se ve obligado a ascender para hacer sitio al aire que está entrando desde el exterior, con lo que se enfría e inicia las precipitaciones. El efecto contrario es el descenso del aire y su expulsión hacia el exterior, lo que aclara los cielos.  Por lo general se habla de una velocidad de ascenso del aire para este modelo de 1 a 10 centímetros por segundo, sucediendo las precipitaciones durante decenas de horas o varios días.
  2. Modelo Frontal. Una masa de aire caliente se encuentra con otra de aire más frio. El aire caliente asciende sobre la masa fría, usualmente con una pendiente de ascenso del 1%. Sin embargo cuando un frente frio se encuentra con una masa de aire caliente el primero se introduce debajo de este, elevándolo, con una pendiente mayor, de un 4%. Esta diferencia de pendiente afecta a la velocidad de ascenso del aire, ofreciendo diferentes modelos de precipitaciones. Un frente cálido proporcionará precipitaciones no demasiado intensas durante varios días, mientras que un frente frio creará precipitaciones muy intensas pero poco duraderas (horas). Está última situación es la que usualmente observamos con nuestra gota fría. El viento frio del norte llega y se encuentra con la cálida masa de aire mediterránea, cargada de humedad, la eleva con brusquedad disminuyendo su temperatura y provocando fortísimas precipitaciones de corta duración. La velocidad de ascenso para este tipo de modelos va de 1 a 20 centímetros por segundo. Las precipitaciones pueden durar varias horas.
  3. Ascenso Orográfico. Quizás este, por su aspecto local, sea uno de los aspectos a tener más en cuenta. Por que si bien los anteriores modelo, por su generalidad, son suficientemente seguidos por la meteorología, los aspectos locales no suelen ser contemplados en los partes generales, con lo que debe ser el propio montañero el encargado de saber leerlos y prever las consecuencias.  Cuando el viento se encuentra con una montaña se ve obligado a ascender por su laderas y aumentar su velocidad horizontal. Esto se debe a que la masa de aire se ve comprimida por el terreno mientras asciende, hasta llegar a la cima. Al llegar a este punto y comenzar a descender la velocidad horizontal desciende. El incremento de la velocidad vertical (ascenso del aire), enfría el aire, alcanzando el punto de rocío. Lo más usual es que la masa de aire descargue las precipitaciones en las primeras zonas de encuentro con la montaña, ya que más adelante  el aire ya carecerá de la humedad suficiente para generar precipitaciones. Trataremos de ahondar un poco más adelante en modelos específicos para situaciones concretas de montaña, aunque en lineas generales podemos decir que el encuentro con una montaña genera una velocidad de ascenso del aire que puede ir de 1 cm a 2 metros por segundo, provocando precipitaciones abundantes que pueden llegar hasta la decena de horas de duración. Dado que nuestra cordillera (Sierra Nevada) se distribuye de Este a Oeste, es evidente que en lineas generales los vientos que pueden crear mayores precipitaciones son aquellos que llegan desde el norte o desde el sur, ya que son los vectores a los que se somete a un más rápido ascenso quedando las cumbres todavía en zona de descarga.
  4. Modelo Convectivo. Sucede cuando el aire se calienta en superficie debido a los altos valores de radiación solar. El aumento de su temperatura hace que se eleve provocando las precipitaciones. Ciertamente por definición este modelo tiene poca influencia en las precipitaciones invernales de montaña, aunque si debe ser tenido en cuenta como para las precipitaciones estivales que eventualmente pueden devenir en ventiscas o nevadas locales en altura.

        La velocidad y dirección del viento, como se está viendo, son factores fundamentales a la hora de definir los riesgos de alud en una zona concreta determinada. De hecho así es considerado por los meteorólogos de los servicios de montaña. Por norma general el viento ascendente y veloz, genera y arrastra la nieve hasta llegar a la cumbre, donde se desacelera y pasa depositar la nieve. Debido a la diferencias de presión entre las zonas de barlovento y sotavento de la montaña, es normal que en la cumbre se produzca una velocidad del viento muy superior a la del aire libre. Un cambio de pendiente brusco ocasiona mayores diferencias de presión y por tanto más velocidad. Cuando la pendiente es muy pronunciada puede ocurrir que el flujo de aire se separe del terreno al pasar a sotavento, originando remolinos e invirtiéndose la dirección de la corriente de aire. Este tipo de flujo es determinante en la generación de cornisas y en la acumulación de nieve a sotavento potencialmente generadora de avalanchas. La acumulación a sotavento de nieve peligrosa ocurre aunque las condiciones no permitan crear cornisas (porque el cambio de pendiente no es suficientemente brusco), y esto lo hace especialmente peligroso ya que estas acumulaciones no son tan fáciles de detectar debido a que no hay cornisas que nos marquen los vientos predominantes.

                 Otra circunstancia en la que el viento puede generar potencialmente una avalancha son lo que se conocen como vientos Foehn. El viento Foehn sucede cuando a sotavento se sitúa una zona de baja presión. En la zona de barlovento hay un aire cálido que se ve arrastrado por encima de la montaña enfriándose para volverse a calentar al pasar a sotavento. Este viento puede generar precipitaciones en la zona de barlovento y lo que es peor, aumentar la temperatura de la nieve al rozarse contra el terreno durante su descenso. Se puede derretir la parte superficial de la nieve, congelándose al caer la noche y generando una costra que eventualmente se puede convertir en un plano de deslizamiento si ocurren nevadas posteriores.

Efectofoehn                 En nuestro caso particular del macizo de sierra nevada nos encontramos con un escenario típico para que se sucedan los vientos Foehn. De un lado tenemos las caras norte, abundantemente cargadas por los fríos vientos continentales, y por otro lado tenemos el lado sur, frecuentemente venteado por vientos de origen sahariano. Estas condiciones son especialmente frecuentes y peligrosas en primavera, donde las nieves de las caras norte se ven acariciadas por los cálidos vientos en descenso del Sur. Este recalentamiento del manto nivoso puede provocar inestabilidad, sino en la misma cumbre si en las zonas de acceso a ellas. Por lo tanto, especial precaución en las caras norte cuando sople nuestro sur, especialmente esos días de finales de invierno y primavera.

El Arrastre de la Nieve y la Formación de Cornisas

                El viento no solo genera en última instancia las nevadas , sino que a determinadas velocidades redistribuye la nieve en superficie. A grandes rasgos ya hemos visto que el viento ascendente tiende a arrastrar la nieve hasta la cumbre, pasando a depositarla en la zona de sotavento. estas acumulaciones de nieve pueden, por si mismas, originar avalanchas. Entendemos por velocidad umbral del viento a la velocidad que necesita un determinado viento para producir este fenómeno de arrastre. En este sentido sabemos que la velocidad umbral del viento:

  •  aumenta  según aumenta la humedad y la temperatura de la nieve. Es decir, a mayor temperatura es necesario un viento más fuerte para que se produzca este arrastre y una velocidad menor si la nieve está muy seca y hay baja temperatura.
  • aumenta si la deposición original de la nieve se ha producido con viento, ya que en estas condiciones la nieve se compacta más.
  • aumenta según aumenta el tiempo desde la nevada original, ya que la nieve tiende a cohesionarse.

        Como veíamos antes este arrastre de la nieve puede provocar cornisas y zonas de avalancha en la parte de sotavento de las crestas, debido a que es aquí donde el viento se desacelera. Al ser golpeadas las partículas de nieve contra la superficie comienzan a compactarse y a comprimirse fuertemente, generando una estructura de mayor o menor tamaño que llamamos cornisa. Las cornisas, que se crean en las zonas de cresta con fuerte cambio de pendiente, presentan una serie de características interesantes:

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  1. Las cornisas con fuerte extraplomo muestran una clara información sobre los vientos dominantes, marcando las zonas de barlovento y de sotavento.
  2. La zona a sotavento, bajo la pared de la cornisa, es perfecta para la generación de placas de nieve.
  3. La parte extraplomada de la cornisa es en si misma un peligro. Su desprendimiento fortuito puede causar heridos o generar una avalancha más abajo. En este sentido cabe señalar que si bien la zona de cresta es la zona más segura cuando hay riesgo de avalancha, conviene vigilar donde pisamos para detectar posibles cornisas camufladas por la nieve y evitar roturas de las mismas.

En una próxima entrada hablaremos de otros conceptos, ahondando en las características de las avalanchas y otros factores del terreno que deberemos tener en cuenta para aumentar la seguridad de nuestras travesías