Inmersión en la Calita

Publicado: 11 julio, 2011 en Inmersiones, Submarinismo
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26 de Junio de 2011 

Datos de la Inmersión
Lugar: La Calita, Almuñecar (Granada, España) 
Coordenadas: 36º 43′ 19″ N 3º 44′ 7″ W
Protección: Levante 
Tipo: Fondo rocoso acabado en arena. 
Profundidad: 5 a 35 metros

Co        Nuestra primera inmersión como buceadores PADI la realizamos en La Calita, una pequeña entrada de mar situada entre La Punta de la Mona y La Herradura. Habíamos quedado a las 17:00 en el puerto de Marina del Este con Boychi, quien ejercería de guía y  aun como instructor puliendo nuestros fallos de novato. El proceso de ponerse el neopreno me resultó especialmente penoso esta vez debido al calor de la hora, pero finalmente estábamos todos montados en la lancha con ganas de aventura. Boychi nos sugirió ir a bucear a La Calita, una entrada de mar resguardada por sus acantilados de los vientos de levante. Fondeamos y  por votación popular decidimos tirarnos de espaldas. El agua estaba tranquila y no eramos muchos (tan solo Celia, Kiki, Boychi y yo) así que teníamos cierta movilidad y estabilidad, lo cual facilitaría equiparnos adecuadamente. Después de la revisión de rigor, una señal de Ok y al agua.

           La Calita es básicamente una pared de roca que se despeña en grandes bloques sobre la arena del fondo a unos 25 metros de profundidad. Las abundantes piedras de gran tamaño ayudan a que se establezcan un buen número de peces que utilizan las múltiples cavidades como refugio. Boychi nos hace un gesto cuando ya hemos bajado todos por elcabo y estamos en el fondo, comenzando nuestra ruta.  Los primeros peces con los que empezamos a familiarizarnos y que juegan a

Tracey Saxby, IAN Image Library (ian.umces.edu/imagelibrary/)

esconderse bajo nosotros, entre las rocas, son unos pececillos negros, con la cola muy dividida. Estos peces, llamados Castañuelas (Chromis chromis), pueden llegar a alcanzar los 15 centímetros. También son llamados “negritas” o “soldados“. Aunque sencillos, son realmente hermosos y ornamentales debido al despliegue de su cola. Cuando son jóvenes son de color azul eléctrico, pero se van oscureciendo conforme van madurando. Su territorio se establece en los primeros 25 metros de profundidad, buscando siempre un fondo rocoso que le permita cobijarse. Los machos son bastante territoriales, defendiendo celosamente los lugares de puesta del apetito voraz de otros congéneres. La castañuela suele moverse en grupos poco numerosos, mezclándose con otros peces.

                Boychi nos ha llevado descendiendo poco a poco hasta una fisura en la roca por la que debemos pasar, de uno en uno, a travesando un pasillo lleno de anémonas y estrellas de mar. Debemos controlar nuestra flotabilidad para pasar, despacio, sin rozar todo lo que hay a nuestro alrededor. Al salir de la fisura esperamos al resto de compañeros, que uno a uno, van pasando de forma precisa.

               Comenzamos a retornar hacia las formaciones de roca junto a la pared del acantilado. Avanzamos a unos 17 o 18 metros de profundidad y aun estamos alucinando con la enorme cantidad de peces que podemos ver a nuestro alrededor. La mayoría forman parte de un amplio grupo conocidos como “sargos”, muy parecidos entre ellos aunque con diferencias claras que nos permitirán distinguirlos. Los sargos pertenecen a la familia de los espáridos (Sparidae), peces muy comprimidos lateralmente con aleta dorsal con espinas, aleta caudal escotada y esquemas “dentadas” o ctenoideas.

                       Si hay que hablar de los sargos hay que empezar por el sargo común (Diplodus sargus). De color gris con reflejos plateados y unas bandas verticales difuminadas que en los ejemplares adultos llegan a desaparecer por completo, salvo la más oscura y gruesa situada en el pedúnculo de la cola que no llega  a desaparecer nunca.  Esta ultima banda no es completa, parece una silla de montar, rasgo característico que le distingue de otros sargos, como el  sargo picudo. El sargo común pude llegar a los 45 cm, dos kilos de peso  y diez años de edad.

Lo más característico del sargo picudo (Diplodus puntazzo) es precisamente el morrito que le da nombre. De hecho en algunos sitios se la conoce como morruda.  La aleta caudal termina en color oscuro y las bandas verticales desaparecen y se difuminan conforme el animal madura, quedando solo la franja del pedúnculo de la cola. Puede alcanzar los 60 cm y el kilo y medio de peso, llegando a los nueve años de edad.

    Otro sargo popular es el raspallón (Diplodus anularis), tambien conocido como pinta. Lo más significativo de este pez, completamente plateado, son las aletas natatorias de color amarillento y el anillo negro en el pedúnculo de la cola. Puede alcanzar los 22 cm y los siete años de vida.

   Y quizás uno de los más fáciles de distinguir sea la mojarra (Diplodus vulgaris), un sargo que ha resumido sus libreas a un franja negra detrás de la cabeza y otra anterior a la cola. Se han catalogado especímenes por encima de los 35 cm, llegando a los 9 años de edad. La mojarra es herbívora y se alimenta de las algas que encuentra alrededor.

        Pero  para mi gusto el más espectacular de todos los sargos es el llamado sargo imperial (Diplodus cervinus) o sargo breado. Con aspecto de cebra es el sargo más longevo y presenta un cuerpo ligeramente abombado.

   Resulta delicioso moverse entre estos grupos compactos, gregarios, de peces, todos ellos ocupados en sus rutinas y quehaceres, sin prestarnos más atención de la necesaria. Y si os he hablado de todos ellos es, simplemente, por que hay muchísimos allá abajo.

     Boychi comprobó como íbamos de aire y en un momento dado se hizo evidente que debíamos iniciar el retorno, el cual realizamos casi trepando, deslizándonos hacia arriba por entre los bloques de roca, observando estrellas de mar de un fuerte color rojo anaranjado y multitud de anémonas. y otras criaturitas pegadas a la roca (al rocaje vivo, como diría alguno). De hecho el ascenso lo estábamos realizando con tal suavidad que en si mismo resultaba la parada de seguridad. Boychi guardaba para nosotros una última sorpresa. A lo largo de nuestro paseo habíamos visto algunas zonas tapizadas con unas criatuas de un fuerte, casi chillón, color naranja. Hacia el final de nuestra ruta, que acababa en una zona resguardada que hacia las veces de semicueva, y por tanto en ligera sombra, situado en la parte más oriental de La Calita. Pues bien, toda la pared de ascenso a esta especie de cueva estaba repleta, a rebosar, de estas criaturas de aspecto oseo y fuerte color naranja. Le preguntamos y con una sonrisa nos dijo “Son corales, corales estrellados”. Madre mía, estábamos viendo corales y no nos habíamos dado cuenta. Resulta que toda aquella zona (y de forma más amplia prácticamente desde Cádiz hasta Murcia) es el lugar donde de forma endémica vive este curioso animal (por que es un animal, aunque no lo parezca). El coral estrellado (Astroides calycularis) forma colonias de hasta 10 cm de altura y unos 25 ó 30 cm de diámetro. Esta clasificado como en estado “vulnerable” de conservación, es decir, se enfrenta a un alto riesgo de extinción en estado salvaje. Durante el día (cuando lo vimos nosotros) se encuentra cerrado, dando ese aspecto de conchitas estrelladas, pero es por la noche cuando despliega sus tentáculos y, literalmente, florece.

      Habiamos terminado la inmersión con un estupendo sabor de boca. Boychi me señaló que parecía una cafetera, respiraba demasiado superficialmente lo que hizo que agotara rápidamente el aire. Nota mental, en las próximas inmersiones hay que controlar más la respiración, haciéndola más profunda y pausada. Por lo demás vamos mejorando. El tema de flotabilidad va mucho mejor. Celia lo ha resuelto en esta inmersión estupendamente, con dos kilitos más, pero se mantenía en el fondo sin problema. Tiempo final en el fondo: 35 minutos, con unos bares de salida de 200 y finales de 30 (glups, perdón compañeros de inmersión). Si no os he puesto imágenes nuestras en esta entrada es por que no llevábamos cámara, simplemente. Pero estamos ya en tramites de solucionarlo. Tiempo al tiempo.

Actualización 28/08/2011

         Celia y yo decidimos bajar a bucear. Hacía pocos días que yo había estado realizando una inmersión en Fraquel Rock y Celia, que trabajaba, se había quedado con las ganas. Así que había que solucionarlo.  Cuando llegamos a puerto Boychi nos comentó que teniamos viento de levante, así que había que refugiarse al otro lado de la Punta de la Mona. Nos propuso realizar la inmersión en La Calita y ya sabeis, donde manda patrón…

        A diferencia de la anterior vez, cuando aun eramos absolutos novatos, en esta ocasión ibamos a partir desde La Calita, si, pero no nos ibamos a quedar en sus magníficos peñones, ibamos a movernos dejando el acantilado a nuestra izquierda avanzando hasta la Punta de la Mona, descendiendo progresovamente. Cuando llegaramos a la Punta girariamos dejando el acantilado a nuestra derecha, ganando profundidad y buscando el fondo arenoso.

       Dicho y hecho. Nos acompañaba tambien esta vez Nayra Pluma, que se quedó cerrando el grupo.  Lo primero que me sorprendió fue obaservar todos los corales estrellados  (Astroides calycularis)  completamente abiertos, desplegando sus pequeños tentáculos. Se ve que, dado que esta zona del acantilado quedaba en sombra, estaban aun con su ciclo nocturno. En un principio no observamos demasiados peces, aparte de las siempre presentes castañuelas. Fue al iniciar el retorno, proximos ya al fondo arenoso, cuando comenzamos a ver gran cantidad de peces. Observamos muchos bancos de alevines que se desplazaban a toda velocidad. En uno de ellos estaba alimentandose un pez limón. El Pez Limón (Seriola Dumerili) es un pez alargado y aplanado, muy estilizado, de ojos pequeños y morrito un poco prominente. Algunos de sus ejemplares presentan una linea amarillenta en el dorso. Puede alcanzar los 160 cm y los 60 Kg de peso, alimentandose sobre todo de crustaceos, alevines y calamares.

      Nuestro recorrido continuó a ras del fondo arenoso, explorando las múltiples oquedades que ofrecñia el caos de bloques del acantilado. En alguna de ellas pudimos ver algún congrio que pacientemente aguardaba la caida de la noche. En otra ocasión detectamos un pulpo que permanecía agazapado sobre una piedra y que al vernos salió disparado dejando una nube de tinta tras él.

         Y las sorpresas continuaban. Boychi enfocó con su foco una oquedad y pudimos ver una auténtico rebaño d eunas pequeños pececitos naranjas. En su momento pensé que se trataban de alevines de Anthias, y de hecho así lo anoté en el video, pero recientemente Boychi me ha corregido (gracias, maestro). Se trataba de Reyezuelos, tambien conocidos como Pez Cardenal (Apogon imberbis). este pez permanece durante el verano cerca de la superficie, a menos de treinta metros, refugiandose en oquedades donde permanece reunido en grandes grupos. Cuando llega el invierno busca cotas más profundas, escondiendose entorno a los doscientos metros.

Photo : Matthieu Sontag, Licence CC-BY-SA.

      Conforme ascendiamos siguiendo la cascada de bloques los colores regresaban. Como llegamos a la zona de la parada de seguridad con bastante aire en las botellas Boychi nos dio libertad para explorar la zona con tranquilidad mientras el subía a superficie, que tenía frio.

       Os dejo con el video de esta inmersión.

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