Curso PADI Open Water Diver: Impresiones Aguas Abiertas II

Publicado: 1 julio, 2011 en Cursos, Submarinismo
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 Logo PADI           El 19 de junio amanecimos en la costa, despertados (o apenas dormidos) por los gritos de las gaviotas que anidan en los roquedales de Almuñecar.  Una duchita fresca y salimos para estar desayunando en Chinasol sobre las 8:30 horas. Habíamos quedado con el resto del grupo y con nuestro instructor, Marcos González “Boychi“, a las nueve de la mañana, así que teníamos tiempo para reposar un poco el desayuno. Boychi. madrugador, fue el primero en aparecer. Se sentó con nosotros y comenzó a explicarnos el planing del día. Haríamos dos inmersiones, una primera para terminar de repasar algunos ejercicios de seguridad y una segunda, ya la última del curso , que sería una inmersión en toda regla, a más profundidad y en un sitio con riqueza biológica.

            Boychi estaba preocupado por el mar. Según se veía desde la terraza  donde estábamos sentados, parecía picado y algo revuelto.  No era una buena noticia para “peces de secano” como nosotros. Al poco llegaron el resto de compañeros  así que nos distribuimos en los coches y pusimos camino al Puerto Deportivo de Marina del Este, lugar donde Boychi amarra su embarcación. En el puerto nos esperaba Jose, un argentino con todo un set de trucos y consejos útiles para los buzos novatos. Hoy sería él el que ejerciera como Adjunto del Instructor, guardando la parte final del grupo durante las inmersiones y ayudando a organizarnos un poco (o un mucho).

                    Como era ya habitual comenzamos a preparar el equipo, empezando siempre por preparar Jackets y botellas antes de ponernos el neopreno. Esta vez los instructores nos dejaron hacer, empezaba ya a ser nuestra responsabilidad montar adecuadamente el equipo. Cuando teníamos ya presión en el manómetro y comprobado el aire en los reguladores y el sistema de inflado del chaleco, procedimos a cerrar las botellas (para evitar perdidas de aire accidentales durante el traslado en barco) y comenzamos a equiparnos con el neopreno. Otra vez la misma peripecia que el día anterior para ponérselo, aunque Kiki descubrió un truco 8no se a ciencia cierta quien se lo contó) que consistía en usar una bolsa como funda mientras uno introducía pies en el neopreno. Esto facilitaba considerablemente el trabajo de introducirlo debido a que evitaba, fundamentalmente, que la piel se pegara en el neopreno.

                       El neopreno no esta pensado para transpirar, asi que mientras estas al sol (como estábamos) la sensación es un poco como cocerse en la propia salsa. Para evitar males mayores nos dejamos sin poner la parte superior del traje y nos metimos en el barco, una lancha motora. Cada uno estaba sentado delante de su propio equipo, de espaldas al mar, contemplando los espléndidos barcos que se guarecen en puerto mientras Boychi maniobraba por las aguas aun tranquilas de este.

                  Nada más salir por la bocana del puerto el mar comenzó a darnos su particular bautizo, haciendo dar saltos a la lancha mientras el aire, eso si, nos refrescaba y hacía más agradable nuestra espera. Boychi  buscaba un lugar para la primera inmersión, la de los ejercicios  de seguridad, pero no lo tenía de todo claro debido a las olas reinantes. Pasamos la Punta de la Mona y unas pequeñas calas con acantilados donde pudimos ver a otros grupos de buceadores. Al final encontró el lugar adecuado. Echamos el ancla sobre un fondo arenoso que estaría situado a unos cinco o seis metros de profundidad. Íbamos a utilizar el ancla como cabo para facilitar el descenso y el posterior ascenso. También íbamos a practicar la salida de espaldas desde el barco. Este tipo de salida puede ser un poco caótica cuando hay mucha gente en un barco relativamente pequeño y el barco se mueve arriba y abajo. Nos enfundamos la parte superior del traje, nos equipamos las aletas (que venían de tierra listas solo para asegurar) y nos ponemos el jacket con la botella. Uno a otro nos vamos haciendo la revisión CPTAO para verificar que todo esta correcto. Inflamos el jacket para asegurar flotabilidad positiva cuando nos tiremos, nos calzamos la máscara en la cara y nos ponemos el regulador en la boca.

                     Parecemos astronautas. A una señal de Boychi nos vamos tirando de espaldas mientras sujetamos la máscara contra nuestro rostro. Una voltereta de burbujas y ya estamos arriba. Ahora solo queda ir avanzando hasta la proa del barco para despejar los laterales y evitar accidentes.

                                El cabo se introducía en el fondo del mar hasta desaparecer de nuestra vista. Por parejas nos fuimos colocando junto al cabo a la espera de la orden de descenso. Boychi nos recordó el asunto de la compensación de oídos, muy importante hoy ya que si que íbamos a bajar ya bastante y los oídos nos iban a molestar si no lo hacíamos correctamente. El secreto era bien sencillo, compensar  cada  metro conforme bajamos, especialmente en los primeros metros durante los cuales la diferencia de presión es mayor. Celia es mi buddy. Nos miramos y nos indicamos nuevamente que todo esta bien y que nos vamos al fondo. Alzo mi mano izquierda sujetando la traquea y pulso el botón para liberar el aire del Jacket. Comienzo a descender e inmediatamente compenso, compenso y compenso. Veo con satisfacción como no tengo problemas con los oídos, todo parece ir bien. Miro a Celia, que se esta quedando un poco rezagada en el cabo y me indica señalándose los oídos que no esta compensando bien. No  hay problema, sube un poquito, compensa con menor presión y vuelve a bajar.

             Llegamos al fondo, un lugar de arena muy fina que pronto comenzamos a levantar con nuestras aletas. Balbino e Irene ya están abajo. Kiki y Jordi nos siguen acabando su descenso por el cabo. Nuestro instructor aparece y nos indica que vamos a dar una vueltecita.  Comenzamos a aletear suavemente, tratando de mantenernos a cierta altura del fondo para evitar embarrarlo todo, pero cuesta trabajo. Todo el mundo avanza sujetando su traquea con una mano para controlar el boton de ascenso y con la otra cerca del trasero para controlar la tira de liberación horizontal del jaquet.  Se ven pocos peces, solo algunos despistados en ese desierto de arena.

             Boychi nos reúne, se cerciora de que todos andamos bien y nos indica que vamos a hacer un nuevo ejercicio de pivoting.  Una vez más nos ponemos sobre el fondo y tratamos de regular nuestra flotación con el volumen variable de nuestros pulmones.  Solo conseguimos generar ambiente más turbio. Dado que podemos ver bien poco  los instructores deciden pasar al segundo ejercicio que consiste en la maniobra de emergencia por la que damos aire a nuestro compañero mediante el regulador del octopus. A una señal me posiciono con Celia junto al cabo. Boychi me indica por señas que en este simulacro seré yo el que se quede sin aire (que divertido). Miro a Celia y manos a la obra. Le indico poniendo el canto de mi mano sobre mi garganta (como si me la fuera a cortar) que no tengo aire. Celia asiente y levanta su brazo derecho para que acceda a su octopus. Con tranquilidad (no quiero que me pase lo que en el ejercicio de piscina) despliego el octopus de mi buddy acercándome el regulador de emergencia. Aspiro de mi regulador, lo retiro de mi boca y me coloco el regulador de emergencia. Soplo para purgarlo y comienzo a respirar nuevamente. Todo perfecto. Se lo indico con una señal a Celia y me trabo  a ella agarrándome de su brazo mientras ella hace lo propio conmigo. Iniciamos el ascenso, escoltados por Boychi que nos frena liberarando el aire de nuestro jacket (se nos había pasado). El aire del jacket se va expandiendo conforme ascendemos y disminuye la presión. Esta es la razón por la que es necesario ir liberando aire. En caso contrario subiríamos como un globo y siempre hay que realizar un ascenso lento y controlado para garantizar la liberación adecuada del nitrógeno de nuestro cuerpo (que se expande al igual que el aire de nuestro chaleco).

                    Cuando subo a superficie me encuentro con la lancha subiendo y bajando, sufriendo la marejada. Celia se agarra  a la escalera, parece que se encuentra mal, mareada igual que yo empiezo a estar.

                   Y comienzo a reiniciar el windows. Saludo con arcadas a mis compañeros mientras suben a la superficie. Como puedo me quito el jacket y lo dejo flotando para que alguien lo recoja. Boychi y Jose están ya arriba cambiando las botellas para la siguiente inmersión. Yo permanezco flotando en el agua, tratando de relajarme aunque todo me da vueltas. Cuando todo esta listo en el barco subimos y nos distribuimos para compensar el peso. Celia parece recuperada (ella es más de mar que yo). Boychi arranca el motor y ponemos dirección a la Piedra del Hombre, una notable zona de buceo en La Herradura. El viento me sienta bien y por un tiempo me recupero, hasta que la lancha se detiene y todo empieza a dar vueltas de nuevo.

                        Boychi me miró y con gran sabiduría me dijo. “¡Antonio, al agua!”. Efectivamente estaba algo mejor fuera del barco, pero no del todo. Me sentía como si me hubiera comido veinte osobucos, apretao dentro del neopreno y con todo dando vueltas. La idea era que nos equiparamos en el agua. En cierto modo es más cómodo, menos agobiante que equiparse todos a la vez dentro de un barco que sube y baja, pero es que yo estaba ya que no sabia ni como me llamaba. Como puedo, creo que alguien me ayudo, me pongo el jacket.  Jose se acercó y me dio uno de sus sabios consejos: la mejor manera de equiparse en el agua es ponerse panza arriba, como si uno fuera una nutria preparando su pescado. Ciertamente era así. Me facilitó mucho el ajuste de los hombros y el cinturón, pero aun así seguia teniendo problemas con los plomos. Me los había puesto en el barco, pero claro, apretar, no podía apretar mucho, así que cuando estaba en el agua el cinturón de plomos se escurría por  mi cintura hacia abajo con grave riesgo de caer al fondo. Miré desconsolado a Jose y rápidamente se puso el regulador, bajo un poco y me pego un apretón en el que casi suelto la última papilla, pero, ¡olé!, los plomos estaban en su sitio. Me acerque hasta el cabo de descenso donde aguardaba Boychi. Serio, me mira y dice gravemente: “Antonio, si tienes que vomitar vomitas a través del regulador, pero no te lo quites”

             Yo, con mi máscara puesta y el regulador ya en la boca,  asentí valientemente pero pensé para mí: “la virgen, vaya marronaco…”. Me hacen la señal para descender y procedo, hasta llegar a unos cinco metros donde debo cabecear para continuar el descenso. Y cosa de magia, todo el pelotazo mental-gástrico desaparece al instante. Es increíble lo que hace un suelo que no se mueve, aunque este a diez metros de profundidad.

                 Me vuelvo para ver como mis compañeros van descendiendo, hasta reunirnos todos a bajo. A pocos metros vemos como el suelo arenoso se transforma en un conglomerado de rocas plagadas de anémonas, erizos y unos corales de un naranja indescriptible, los corales estrellados (Astroides calycularis). Boychi se pone al frente y comienza a dirigirnos entre las rocas que nos salen al paso. A un lado y a otro pequeños grupos de castañuelas (Chromis chromis) y sargos (Diplodus sargus sargus) parecen juguetear y perseguirse . De vez en cuando un espectacular pez doncella (Coris Julis) pasa delante nuestra, provocador, tan cerca que casi podemos tocarlo con los dedos (aunque resulta imposible). Boychi sigue avanzando entre las rocas y nosotros tras de él. de vez en cuando se vuelve para comprobar que estamos viendo y para tomarnos alguna imagen. Ahora no hay ejercicios, asi que solo toca disfrutar y maravillarnos de este universo tan cercano (apenas a unos cientos de metros de la civilización) y a la vez tan desconocido. Una vez más la sensación que tengo es la de ser un astronauta, aquanauuta sería más exacto, escuchando la propia respiración, siendo consciente de ella, ingravido, realizando todos los movimientos  con lentitud.

     Estaba tan mal y ahora me sentía tan bien, tan pletórico, tan vivo,  que me había olvidado por completo (craso error) de mi querida Celia, mi buddy en esa inmersión. En un momento la vi aparecer delante mía, con tendencia a irse hacía arriba y  sujetada de la mano por nuestro instructor. Pensé,  “Ahí vá esa!”. Tenía evidentes problemas de flotabilidad, es decir, flotaba demasiado y le costaba alcanzar profundidad. Luego nos contó que hasta Jose se había puesto encima de ella para tratar de que bajara, sin aparente resultado. Celia continuaba como un globito sujeto de la mano de nuestro instructor. Menos mal que todo eso se solucionó en inmersiones posteriores añadiendo más peso. Afortunadamente en mi caso el tema de la flotabilidad lo notaba bastante controlado. Solo en un par de ocasiones perdí el control e inicié un descenso, más acentuado de lo que esperaba. Recuerdo ponerme a buscar mientras “caía” para ver si encontraba algún hueco con arena donde “aterrizar” y así no dañar la espectacular biología que nos rodeaba. Finalmente y después de pasearnos a 15 metros de profundidad, alucinando y casi sin darnos cuenta de las maravillas que nos rodeaban debido a la excitación, Boychi nos conduce de nuevo al cabo donde iniciamos el ascenso.

    Cuando salimos a superficie ya eramos buzos OWD  certificados por PADI. Nos quitamos el equipo en el agua y lo subimos a la embarcación. Nos dirigimos al puerto donde una vez desalado todo el material procedimos a celebrarlo como es debido, con una buenas cervezas fresquitas. Todo un abanico de posibilidades se nos abre ahora, infinitos lugares que explorar.

                No quisiera terminar estas lineas sin felicitar a nuestro instructor y a sus ayudantes. Me he quedado asombrado por la capacidad técnica, didáctica y la enorme paciencia demostrada por Marcos González “Boychi”. Ameno, divertido, pero sin perdernos nunca de vista, garantizando nuestra seguridad. Medio psicólogo, conocedor del alma humana cuando se enfrenta al inmenso mar, ha ejercido con todos nosotros como consejero y amigo cuando dudábamos un poco. No puedo menos que recomendaros a todos que lo busquéis a él si pensáis  iniciaros en esta maravillosa, espectacular experiencia que es el buceo autónomo.

Marcos González “Boychi”

Instructor y Divemaster (guía de inmersiones)

Buzo profesional

Especialidades

Fotografía Digital Subacuática

Búsqueda y Recuperación

Buceo en Pecios (barcos hundios)

Buceo con Traje Seco (buceo invernal)

Orientación Subacuática

Buceo Profundo

Buceo Nocturno

Buceo con Scooter submarino

Identificación de especies marinas

Buceo con nitrox

Contacto

boychigh@yahoo.es

Tlf. 699 42 08 11

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comentarios
  1. Kiki. El Rincón del Viajero dice:

    Sabio entre los sabios, que bueno es reconocer cuando las cosas están bién hechas. El artículo está muy bien narrado. Todo en su lugar y dandole justicia a quien ha sido nuestro maestro y guia. Felicidades Antonio.

  2. irene dice:

    Antonio eres un crack!! Si no fuera por ti no tendriamos estos momentos para poderlos ver… la próxima aventura ya mismo! Cuando volvamos de las Cies. muchas gracias por guardar estas cosas y narrarlas con tanta profesionalidad. Ha sido un placer conoceros y poder contar con vosotros para aventuras como esta.

    • Irenita, y lo que nos queda! Este mundo se despliega ante nosotros para disfrutarlo, para hacernos sentir vivos! Y vive Dios que así haremos!. Cada rincón que olamos, oigamos, palpemos y veamos se quedará con nosotros para siempre. Todos juntos, aprendiendo cada día, asimilando, sintiéndonos pequeños y grandes…. Y ni que decir tiene que sintáis este álbum de recuerdos también como vuestro, vuestro rincón de espacio…

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