Archivos para julio, 2011


23 de Julio de 2011

                      La Herradura es considerada una de las mecas del buceo andaluz y casi nacional. Y, desde que la vi, se convirtió en mi playa favorita. De hecho aquí fue donde hace ya más de diez años recibí mi bautizo subacuático.  Protegida  por dos inmensos farallones de roca a un lado y a otro (la Punta de la Mona y Cerro Gordo), no puedo evitar, cuando contemplo el mar desde este punto, que vengan a mi mente  imágenes de antiguos bajeles cruzando el horizonte.

                      El hecho de tener esas formaciones rocosas y estar tan cerca, prácticamente a tiro de piedra, de un paraje natural como el de Maro-Cerro Gordo, hacen que sus aguas estén pobladas de mil y un formas de vida. Es por tanto un lugar idóneo para la práctica del buceo y, dado el fácil acceso desde la playa, especialmente indicada para la práctica del snorkel o buceo ligero. De hecho, la pared de poniente ofrece bajo el agua un paisaje espectacular formado por grandes rocas distribuidas sobre un fondo arenoso. Por su posición el paisaje observado es especialmente hermoso al atardecer, cuando los rayos del sol se filtran y juegan con las sombras que proyecta la pared del acantilado sobre el agua.

                   El pasado sábado decidimos bajar un ratito a esta playa por la tarde y convencimos al  bueno de Juan Rodriguez (bueno, es facil convencerlo), para que nos acompañara. Celia aun está convaleciente y no podía meterse con nosotros (ya falta menos, reina) así que vio con cierta envidia como nos metíamos en el agua.

                    Debo confesaros que el objetivo fundamental era hacer algunas pruebas con la nueva microcámara de video que he adquirido (siempre pensando en vosotros), la Action Camera XTC-200, una cámara de alta resolución diseñada para los deportes de aventura y que cuenta con una carcasa estanca para meterla hasta 30 metros de profundidad. Espero poder hablaros más en detalle de esta cámara un poco más adelante. Quería, ya os digo, hacer algunas primeras pruebas a poca profundidad para verificar su estanqueidad.

                      Así que nos fuimos Juan y yo, siguiendo el acantilado de poniente en dirección a Calaiza, relajándonos y contemplando el espectacular fondo. Lo más espectacular, sin duda, fue un banco formado por castañuelas y sargos entre los que nos pudimos meter y que afortunadamente pudimos filmar.  La cámara se comportó muy bien, aunque debido a estar en superficie zarandeado por las olas y el viento que comenzaba a levantarse, resultaba difícil mantener estable la imagen.  De todas formas os puede servir para haceros una idea de lo que vimos. Aquí lo tenéis.


26 de Junio de 2011

          Habíamos estado realizando por la mañana una inmersión en La Calita y ahora quedaba pasar un rato de relax. Para ello nos fuimos hasta la playa de La Herradura, donde Kiki había plantado su famosa Jaima, cuartel general avanzado de nuestras aventuras veraniegas.  La idea era simple. Tomar unas cervecitas para hidratarnos  y salir con los kayak de travesía hasta una zona donde pudiésemos realizar algo de snorkel. Los primeros en salir fuimos Celia y yo, en el siguiente turno salieron Kiki y su mujer, Pili.

    El mar estaba extraordinariamente calmado, así que después de preparar y acondicionar los kayaks pusimos rumbo Suroeste, en dirección a Cerro Gordo, el gran peñón que se divisa desde la playa.

             El día estaba brumoso. Había espesas nubes  que parecían presagiar lluvia por lo que decimos acercarnos hasta la orilla de Calaiza. Calaiza es un conjunto de calitas salvajes que se esparcen entre La Herradura y Cerro Gordo. De muy difícil acceso por tierra, la mejor manera de llegar hasta ellas es por el mar, tal y como estábamos haciendo.  Precisamente esa dificultad de acceso hace que sean calas tranquilas, sin casi gente, un lugar ideal donde dejar los kayaks y comenzar nuestro snorkeling. La llegada a la orilla tuvo su dificultad ya que el fondo es tremendamente rocoso, con grandes piedras que salen del mar como dientes desgastados. La corriente nos impulsaba hacia la orilla y había que elegir bien, con decisión, la ruta para no tropezar con ninguna de ellas.

                 Calaiza es una playa pequeña, salvaje, de unos 55 metros de anchura formada por rocas y arena oscura. Por su forma, mira completamente al mar, evitando las construcciones de la cercana Herradura, por lo que parece que estuviéramos en otro tiempo, en otro lugar alejado de aglomeraciones urbanísticas. Ni un solo servicio, como nos gusta a los aventureros. Solo mar, arena y roca.

              Arrastramos los kayaks hasta la parte alta de la orilla, sacamos nuestro equipo ligero de buceo y no sin cierta dificultad debido a las piedras de la orilla, nos colocamos las aletas y nos lanzamos al agua.

               Precisamente las rocas que nos habían dificultado la entrada nos mostraban ahora un tremendo paisaje donde existían mil y un refugios para la vida marina y a escasos metros de la superficie. Erizos y pepinos de mar se arrastraban por las rocas y el fondo, limpiando y dejando relucientes las rocas.  Nos dejamos arrastrar por la corriente, mirando a un lado y a otro, a penas tocando a los pececillos que se reunían a nuestro alrededor.

      

            Sin darnos cuenta pasaba el tiempo y debíamos volver. El regreso en el kayak nos llevaría unos 20 minutos y había que dejar tiempo a la siguiente pareja (Kiki y Pili) para que ellos también disfrutaran de aquel sereno espectáculo. Así que con cierta tristeza salimos del agua, cargamos el equipo ligero en el kayak, y procedimos a empujar las embarcaciones hacia la orilla. El regreso resultó cómodo, con una ligera corriente en contra, aunque notábamos que el mar estaba empeorando un poco. Al llegar a la playa hicimos el cambio y Kiki y Pili salieron hacia Calaiza mientras nosotros nos tomábamos una cerveza bien fresquita.

                   Kiki nos contó que cuando llegaron a Calaiza se encontraron el agua mucho más turbia, señal evidente de que el mar estaba empezando a cambiar. Pero lo importante es que todos pasamos un rato extraordinario, dejándonos arrastra por el abrazo del mar, y que descubrimos una calita escondida, tranquila y salvaje, tal y como deberían ser nuestras costas, tal y como fueron hace mucho tiempo.


                Pocos de los materiales que utilizamos en el buceo con el equipo autónomo son tan familiares y necesarios como la máscara de buceo. ¿Acaso no recordamos ese primer verano en el que íbamos corriendo con nuestras gafas de buceo a zambullirnos en la orilla del mar o en la piscina de un familiar para contemplar lo que las aguas ocultaban? Frecuentemente nuestra pequeña máscara se guardaba en la bolsa junto al cubo y la pala para hacer castillos de arena.

             Esta familiaridad nos hace cometer el error de no dar la importancia debida a esta parte del equipo de buceo, olvidando la máxima submarinista que dice que tan solo con una máscara de buceo podremos bucear algo pero que si nos falta esta no podremos bucear nada, ni aunque sea someramente.

              Necesitamos la máscara de buceo para crear una cámara de aire entre nuestros ojos y el agua que nos rodea, permitiendo así que nuestro sistema ocular enfoque de forma adecuada. Nuestros ojos, a diferencia de otros animales marinos, no están diseñados para enfocar bajo el agua, así que las imágenes que obtenemos sin la máscara son borrosas y distorsionadas.

                Por todo esto es considerado el componente más importante del equipo básico (o ligero) de buceo (máscara, aletas y tubo o snorkel).

Historia de las Máscaras de Buceo

           El hombre siempre ha querido conocer los secretos que esconde el mar, al principio como una forma de facilitar la obtención de sus recursos.

           Originalmente parece que se idearon sistemas para la beneficiosa obtención de perlas en el Mediterráneo, aunque después las técnicas de buceo básico se emplearon en el ataque y asedio de fortalezas. En el Golfo Pérsico, por ejemplo, según relata la crónica del siglo XIV del viajero Ibn Batuta, los pescadores usaban unas mascaras realizadas con concha de tortuga que pulían hasta el extremo de dejar casi transparentes. La evolución medieval de los dispositivos de observación submarina pasaron de las campanas (recipientes cargados de aire en cuyo interior se colocaba el buceador) hasta las escafandras conectadas mediante un tubo a la superficie por medio del cual se suministraba el aire. La innovación fundamental del sistema se produjo  con el llamado Aqualung diseñado por el comandante Jaques-Ives Costeau y el ingeniero Émile Gagnan en 1943. Por primera vez el ser humano era capaz de respirar de forma autónoma bajo la superficie mediante un sistema de reguladores que facilitaban a presión ambiente el aire comprimido y  una máscara facial formada por una careta de hule y un vidrio que proporcionaban gran visibilidad.

Características Esenciales de una Máscara de Buceo

      Actualmente hay gran variedad de modelos de máscaras fruto de la evolución y el diseño. Sin embargo hay una serie de características que debemos buscar en una máscara.

  • Cobertura mínima necesaria. La máscara debe cubrir los ojos con una superficie de cristal y la nariz con un material flexible que permita su pinzamiento. Lo primero, como hemos dicho, es para crear una capa de aire entre nuestros ojos y el medio acuoso que nos permita enfocar correctamente. Lo segundo es para proteger en cierta medida la nariz del contacto con el agua (y la eventual absorción por esta vía), para posibilitar la purga de agua de la mascar mediante el insuflado de aire y, sobre todo, para permitir la maniobra de valsalva. La maniobra de valsalva fue inventada por el médico italiano Antonio María Valsalva y permite, mediante el pinzamiento de la nariz y el gesto de soplar mientras cerramos la boca, realizar la compensación de los oídos del buceador.  El hecho de que la nariz este cubierta y unida al espacio aéreo de la máscara permite también compensar este espacio, respirando ligeramente por la nariz y evitando que la máscara haga una ventosa demasiado fuerte contra nuestro rostro. En el caso de que la actividad a realizar sea apnea, es decir buceo a pulmón, lo ideal es que la máscara recoja la menor cámara de aire posible, para que así sea más fácil compensar con el escaso aire de nuestros pulmones.
  • Cristales Templados: Los cristales no deben ser cristales normales para evitar una rotura en inmersión debido a la presión. Los cristales deben ser templados (tempered glass) y vienen marcados con una T en el vidrio.
  • Buen ajuste: La máscara debe quedar firmemente anclada en nuestro rostro. esto se consigue con el material de la máscara, que suele ser silicona y consigue un buen nivel de adaptación a nuestro rostro. La máscara también debe ser fácilmente asegurable mediante tiras de ajuste. Podemos comprobar que la máscara es adecuada para nuestro rostro si al poner esta sobre el mismo sin la correa de sujeción mientras aspiramos esta no se cae.

Tipos de Máscara

           Lo primero que debemos hacer cuando vamos a adquirir nuestra máscara de buceo es tener claro para la actividad que la vamos a utilizar. Si, vamos a bucear con ellas, no a ver la tele, ¿pero que vamos a hacer mientras buceamos? Como sabéis hay dos grandes actividades de buceo: el buceo con equipo autónomo y el buceo en apnea o pulmón. Estas dos grandes divisiones nos determinarán las dos clases de máscara fundamentales: las mascaras para apnea o pesca submarina y las mascaras para buceo con equipo autónomo (recreativo, fotográfico, científico, etc). Las características esenciales para estos dos grandes grupos son:

  • Máscaras para apnea: El volumen de aire en el interior de la máscara se reduce lo máximo posible para permitir una compensación cómoda con el escaso aire que tenemos en los pulmones.  Por tanto en este tipo de cámaras observaremos que los cristales son pequeños y que el volumen de la máscara está muy ajustado a la zona ocular.  Este espacio interior deberá ser más reducido cuanto más profundo pensemos que vamos a bajar. Por poner un ejemplo los campeones de apnea, que se sumergen cientos de metros, no utilizan máscara por ese motivo. Si son pocos metros los que vamos a descender (como es mi caso cuando practico snorkel), la misma máscara del buceo recreativo nos podría valer, aunque más allá de los tres metros de profundidad se vuelve incómoda.
  • Máscaras para buceo recreativo:  Son las más genéricas y las que a su vez poseen más subtipos o especialidades. Dado que el suministro de aire en principio no es un problema no suelen estar tan limitadas en lo que se refiere al volumen interior. Por contra se busca tener un amplio campo de visión, que se consigue con variadas configuraciones de los cristales. En función de esto podemos hacer las siguientes distinciones:
  • Monovidrio: La máscara más clásica. Usa un solo vidrio. Reduce un poco la visión lateral, aunque las últimas versiones buscan minimizar esta deficiencia. Las máscaras monovidrio son muy comunes y fáciles de conseguir. de todas formas aquí van algunos ejemplos.
         Aquatics Frameless de Atomic               Primo X1 deBeuchat
          Maxiux de Beuchat
  • Doble Vidrio: La máscara usa un cristal para cada ojo, ampliando la visión lateral. Normalmente son el tipo de máscara que se utiliza para incorporar graduación en los cristales. Actualmente son las que más frecuentemente se pueden encontrar en el mercado, existiendo infinidad de modelos.
  • Múltiples Vidrios: Las máscaras incorporan tambien cristales laterales parapermitir más visión periférica. Hay que vigilar que no se produzcan distorsiones.
  • Mascara Graduada: Permiten la incorporación de cristales templados graduados para corregir defectos de visión del buceador. Normalmente se vende la máscara por un lado y los cristales graduados por otro. Existen tiendas especializadas en la graduación de máscaras, aunque el montaje de estos cristales es sencillo y el usuario puede realizarlo con un simple destornillador.
       Ejemplos de máscaras que permiten graduación:
        Look de Aqualung
        Big Eyes de Cressi
        X-Vision de Mares
        Extreme de Seacsub (Apnea)
  • Full Face o máscara completa: Cubren el rostro completamente permitiendo liberar la boca del usuario y facilitando la comunicación con interco-municadores. Una pasada, pero caras. Quizás sean el futuro del buceo. ¿Os imagináis una inmersión en la que vuestro guía favorito os va hablando y explicando los pormenores de lo que estáis viendo, sin limitaros al briefing previo a la entrada al agua?.

           Máscara Facial de Scubapro.

  • Data Mask o Máscara de Datos: De forma similar al HUD de los pilotos de combate, las Data Mask ofrecen en pantalla toda la información del ordenador de buceo, estando siempre disponible para el buceador.

        Compumask de Aeris.
        Datamask de Oceanic.

    

Preparación y Mantenimiento de la Máscara de Buceo

      El gran enemigo de las mascaras de buceo es el empañamiento durante las inmersiones. Esto es especialmente frecuente cuando las máscaras son nuevas debido a que estas vienen de fábrica protegidas por una ligera capa de grasa que provoca el empañamiento. Para eliminar esta capa hay dos métodos:

  • Enjuagar la máscara con algún jabón liquido para vajillas y dejar sumergida la máscara en agua jabonosa durante 24 horas. Enjuagar finalmente con agua clara.
  • Poner unas pequeñas cantidades de pasta de dientes en los cristales y embadurnarlos. Enjuagar después de unos minutos
      Personalmente yo he utilizado los dos métodos, uno después de otro. Después de esta preparación la máscara, poco a poco, irá volviéndose más resistente al empañamiento. No obstante conviene preparar nuestra máscara antes de nuestras inmersiones, y nuevamente existen dos métodos:
  • El Método del Salivazo: Clásico, siempre a mano, económico y efectivo. Ponemos un poco de saliva en los cristales, la repartimos con un dedo. Esperamos unos segundos y aclaramos con agua.
  • Protección Química:  Existen líquidos en el mercado diseñados para evitar el problema del empañamiento. Fundamentalmente se basan en el alcohol y en la capacidad de este para eliminar la grasa. Simplemente se pulveriza el cristal y se enjuaga con agua. Mucho más elegante que el primer método ¿no?
            Una vez acabemos nuestra inmersión en mar procederemos a lavar en agua dulce y a secar a la sombra, igual que con el resto del equipo.

Mi Elección Personal: La Cressi Evo Big Eyes

             La edad no perdona. Es por esto que i objetivo fundamental cuando empecé a buscar la máscara que debía acompañarme en mis inmersiones debía ser una que permitiera la graduación de sus cristales. Esto reducía mi búsqueda a aquellas que permiten este tipo de adaptación, normalmente de doble vidrio, y de todas ellas decidí quedarme con las Evo Big Eyes de Cressi. Lo primero que me sorprendió de esta máscara fue su poco peso y lo suave de su silicona. De hecho esta confeccionada en dos siliconas, una más rígida para ofrecer rigidez estructural a la máscara, y otra mucho más suave en los bordes externos que sellan contra la cara. Esta ultima silicona proporciona gran comodidad y un excelente ajuste. Los cristales están muy próximos a los ojos, con lo que se reduce el volumen interior y se facilita la compensación. Además  están inclinados y su forma alargada incrementa notablemente la visión inferior.


26 de Junio de 2011 

Datos de la Inmersión
Lugar: La Calita, Almuñecar (Granada, España) 
Coordenadas: 36º 43′ 19″ N 3º 44′ 7″ W
Protección: Levante 
Tipo: Fondo rocoso acabado en arena. 
Profundidad: 5 a 35 metros

Co        Nuestra primera inmersión como buceadores PADI la realizamos en La Calita, una pequeña entrada de mar situada entre La Punta de la Mona y La Herradura. Habíamos quedado a las 17:00 en el puerto de Marina del Este con Boychi, quien ejercería de guía y  aun como instructor puliendo nuestros fallos de novato. El proceso de ponerse el neopreno me resultó especialmente penoso esta vez debido al calor de la hora, pero finalmente estábamos todos montados en la lancha con ganas de aventura. Boychi nos sugirió ir a bucear a La Calita, una entrada de mar resguardada por sus acantilados de los vientos de levante. Fondeamos y  por votación popular decidimos tirarnos de espaldas. El agua estaba tranquila y no eramos muchos (tan solo Celia, Kiki, Boychi y yo) así que teníamos cierta movilidad y estabilidad, lo cual facilitaría equiparnos adecuadamente. Después de la revisión de rigor, una señal de Ok y al agua.

           La Calita es básicamente una pared de roca que se despeña en grandes bloques sobre la arena del fondo a unos 25 metros de profundidad. Las abundantes piedras de gran tamaño ayudan a que se establezcan un buen número de peces que utilizan las múltiples cavidades como refugio. Boychi nos hace un gesto cuando ya hemos bajado todos por elcabo y estamos en el fondo, comenzando nuestra ruta.  Los primeros peces con los que empezamos a familiarizarnos y que juegan a

Tracey Saxby, IAN Image Library (ian.umces.edu/imagelibrary/)

esconderse bajo nosotros, entre las rocas, son unos pececillos negros, con la cola muy dividida. Estos peces, llamados Castañuelas (Chromis chromis), pueden llegar a alcanzar los 15 centímetros. También son llamados “negritas” o “soldados“. Aunque sencillos, son realmente hermosos y ornamentales debido al despliegue de su cola. Cuando son jóvenes son de color azul eléctrico, pero se van oscureciendo conforme van madurando. Su territorio se establece en los primeros 25 metros de profundidad, buscando siempre un fondo rocoso que le permita cobijarse. Los machos son bastante territoriales, defendiendo celosamente los lugares de puesta del apetito voraz de otros congéneres. La castañuela suele moverse en grupos poco numerosos, mezclándose con otros peces.

                Boychi nos ha llevado descendiendo poco a poco hasta una fisura en la roca por la que debemos pasar, de uno en uno, a travesando un pasillo lleno de anémonas y estrellas de mar. Debemos controlar nuestra flotabilidad para pasar, despacio, sin rozar todo lo que hay a nuestro alrededor. Al salir de la fisura esperamos al resto de compañeros, que uno a uno, van pasando de forma precisa.

               Comenzamos a retornar hacia las formaciones de roca junto a la pared del acantilado. Avanzamos a unos 17 o 18 metros de profundidad y aun estamos alucinando con la enorme cantidad de peces que podemos ver a nuestro alrededor. La mayoría forman parte de un amplio grupo conocidos como “sargos”, muy parecidos entre ellos aunque con diferencias claras que nos permitirán distinguirlos. Los sargos pertenecen a la familia de los espáridos (Sparidae), peces muy comprimidos lateralmente con aleta dorsal con espinas, aleta caudal escotada y esquemas “dentadas” o ctenoideas.

                       Si hay que hablar de los sargos hay que empezar por el sargo común (Diplodus sargus). De color gris con reflejos plateados y unas bandas verticales difuminadas que en los ejemplares adultos llegan a desaparecer por completo, salvo la más oscura y gruesa situada en el pedúnculo de la cola que no llega  a desaparecer nunca.  Esta ultima banda no es completa, parece una silla de montar, rasgo característico que le distingue de otros sargos, como el  sargo picudo. El sargo común pude llegar a los 45 cm, dos kilos de peso  y diez años de edad.

Lo más característico del sargo picudo (Diplodus puntazzo) es precisamente el morrito que le da nombre. De hecho en algunos sitios se la conoce como morruda.  La aleta caudal termina en color oscuro y las bandas verticales desaparecen y se difuminan conforme el animal madura, quedando solo la franja del pedúnculo de la cola. Puede alcanzar los 60 cm y el kilo y medio de peso, llegando a los nueve años de edad.

    Otro sargo popular es el raspallón (Diplodus anularis), tambien conocido como pinta. Lo más significativo de este pez, completamente plateado, son las aletas natatorias de color amarillento y el anillo negro en el pedúnculo de la cola. Puede alcanzar los 22 cm y los siete años de vida.

   Y quizás uno de los más fáciles de distinguir sea la mojarra (Diplodus vulgaris), un sargo que ha resumido sus libreas a un franja negra detrás de la cabeza y otra anterior a la cola. Se han catalogado especímenes por encima de los 35 cm, llegando a los 9 años de edad. La mojarra es herbívora y se alimenta de las algas que encuentra alrededor.

        Pero  para mi gusto el más espectacular de todos los sargos es el llamado sargo imperial (Diplodus cervinus) o sargo breado. Con aspecto de cebra es el sargo más longevo y presenta un cuerpo ligeramente abombado.

   Resulta delicioso moverse entre estos grupos compactos, gregarios, de peces, todos ellos ocupados en sus rutinas y quehaceres, sin prestarnos más atención de la necesaria. Y si os he hablado de todos ellos es, simplemente, por que hay muchísimos allá abajo.

     Boychi comprobó como íbamos de aire y en un momento dado se hizo evidente que debíamos iniciar el retorno, el cual realizamos casi trepando, deslizándonos hacia arriba por entre los bloques de roca, observando estrellas de mar de un fuerte color rojo anaranjado y multitud de anémonas. y otras criaturitas pegadas a la roca (al rocaje vivo, como diría alguno). De hecho el ascenso lo estábamos realizando con tal suavidad que en si mismo resultaba la parada de seguridad. Boychi guardaba para nosotros una última sorpresa. A lo largo de nuestro paseo habíamos visto algunas zonas tapizadas con unas criatuas de un fuerte, casi chillón, color naranja. Hacia el final de nuestra ruta, que acababa en una zona resguardada que hacia las veces de semicueva, y por tanto en ligera sombra, situado en la parte más oriental de La Calita. Pues bien, toda la pared de ascenso a esta especie de cueva estaba repleta, a rebosar, de estas criaturas de aspecto oseo y fuerte color naranja. Le preguntamos y con una sonrisa nos dijo “Son corales, corales estrellados”. Madre mía, estábamos viendo corales y no nos habíamos dado cuenta. Resulta que toda aquella zona (y de forma más amplia prácticamente desde Cádiz hasta Murcia) es el lugar donde de forma endémica vive este curioso animal (por que es un animal, aunque no lo parezca). El coral estrellado (Astroides calycularis) forma colonias de hasta 10 cm de altura y unos 25 ó 30 cm de diámetro. Esta clasificado como en estado “vulnerable” de conservación, es decir, se enfrenta a un alto riesgo de extinción en estado salvaje. Durante el día (cuando lo vimos nosotros) se encuentra cerrado, dando ese aspecto de conchitas estrelladas, pero es por la noche cuando despliega sus tentáculos y, literalmente, florece.

      Habiamos terminado la inmersión con un estupendo sabor de boca. Boychi me señaló que parecía una cafetera, respiraba demasiado superficialmente lo que hizo que agotara rápidamente el aire. Nota mental, en las próximas inmersiones hay que controlar más la respiración, haciéndola más profunda y pausada. Por lo demás vamos mejorando. El tema de flotabilidad va mucho mejor. Celia lo ha resuelto en esta inmersión estupendamente, con dos kilitos más, pero se mantenía en el fondo sin problema. Tiempo final en el fondo: 35 minutos, con unos bares de salida de 200 y finales de 30 (glups, perdón compañeros de inmersión). Si no os he puesto imágenes nuestras en esta entrada es por que no llevábamos cámara, simplemente. Pero estamos ya en tramites de solucionarlo. Tiempo al tiempo.

Actualización 28/08/2011

         Celia y yo decidimos bajar a bucear. Hacía pocos días que yo había estado realizando una inmersión en Fraquel Rock y Celia, que trabajaba, se había quedado con las ganas. Así que había que solucionarlo.  Cuando llegamos a puerto Boychi nos comentó que teniamos viento de levante, así que había que refugiarse al otro lado de la Punta de la Mona. Nos propuso realizar la inmersión en La Calita y ya sabeis, donde manda patrón…

        A diferencia de la anterior vez, cuando aun eramos absolutos novatos, en esta ocasión ibamos a partir desde La Calita, si, pero no nos ibamos a quedar en sus magníficos peñones, ibamos a movernos dejando el acantilado a nuestra izquierda avanzando hasta la Punta de la Mona, descendiendo progresovamente. Cuando llegaramos a la Punta girariamos dejando el acantilado a nuestra derecha, ganando profundidad y buscando el fondo arenoso.

       Dicho y hecho. Nos acompañaba tambien esta vez Nayra Pluma, que se quedó cerrando el grupo.  Lo primero que me sorprendió fue obaservar todos los corales estrellados  (Astroides calycularis)  completamente abiertos, desplegando sus pequeños tentáculos. Se ve que, dado que esta zona del acantilado quedaba en sombra, estaban aun con su ciclo nocturno. En un principio no observamos demasiados peces, aparte de las siempre presentes castañuelas. Fue al iniciar el retorno, proximos ya al fondo arenoso, cuando comenzamos a ver gran cantidad de peces. Observamos muchos bancos de alevines que se desplazaban a toda velocidad. En uno de ellos estaba alimentandose un pez limón. El Pez Limón (Seriola Dumerili) es un pez alargado y aplanado, muy estilizado, de ojos pequeños y morrito un poco prominente. Algunos de sus ejemplares presentan una linea amarillenta en el dorso. Puede alcanzar los 160 cm y los 60 Kg de peso, alimentandose sobre todo de crustaceos, alevines y calamares.

      Nuestro recorrido continuó a ras del fondo arenoso, explorando las múltiples oquedades que ofrecñia el caos de bloques del acantilado. En alguna de ellas pudimos ver algún congrio que pacientemente aguardaba la caida de la noche. En otra ocasión detectamos un pulpo que permanecía agazapado sobre una piedra y que al vernos salió disparado dejando una nube de tinta tras él.

         Y las sorpresas continuaban. Boychi enfocó con su foco una oquedad y pudimos ver una auténtico rebaño d eunas pequeños pececitos naranjas. En su momento pensé que se trataban de alevines de Anthias, y de hecho así lo anoté en el video, pero recientemente Boychi me ha corregido (gracias, maestro). Se trataba de Reyezuelos, tambien conocidos como Pez Cardenal (Apogon imberbis). este pez permanece durante el verano cerca de la superficie, a menos de treinta metros, refugiandose en oquedades donde permanece reunido en grandes grupos. Cuando llega el invierno busca cotas más profundas, escondiendose entorno a los doscientos metros.

Photo : Matthieu Sontag, Licence CC-BY-SA.

      Conforme ascendiamos siguiendo la cascada de bloques los colores regresaban. Como llegamos a la zona de la parada de seguridad con bastante aire en las botellas Boychi nos dio libertad para explorar la zona con tranquilidad mientras el subía a superficie, que tenía frio.

       Os dejo con el video de esta inmersión.


 Logo PADI           El 19 de junio amanecimos en la costa, despertados (o apenas dormidos) por los gritos de las gaviotas que anidan en los roquedales de Almuñecar.  Una duchita fresca y salimos para estar desayunando en Chinasol sobre las 8:30 horas. Habíamos quedado con el resto del grupo y con nuestro instructor, Marcos González “Boychi“, a las nueve de la mañana, así que teníamos tiempo para reposar un poco el desayuno. Boychi. madrugador, fue el primero en aparecer. Se sentó con nosotros y comenzó a explicarnos el planing del día. Haríamos dos inmersiones, una primera para terminar de repasar algunos ejercicios de seguridad y una segunda, ya la última del curso , que sería una inmersión en toda regla, a más profundidad y en un sitio con riqueza biológica.

            Boychi estaba preocupado por el mar. Según se veía desde la terraza  donde estábamos sentados, parecía picado y algo revuelto.  No era una buena noticia para “peces de secano” como nosotros. Al poco llegaron el resto de compañeros  así que nos distribuimos en los coches y pusimos camino al Puerto Deportivo de Marina del Este, lugar donde Boychi amarra su embarcación. En el puerto nos esperaba Jose, un argentino con todo un set de trucos y consejos útiles para los buzos novatos. Hoy sería él el que ejerciera como Adjunto del Instructor, guardando la parte final del grupo durante las inmersiones y ayudando a organizarnos un poco (o un mucho).

                    Como era ya habitual comenzamos a preparar el equipo, empezando siempre por preparar Jackets y botellas antes de ponernos el neopreno. Esta vez los instructores nos dejaron hacer, empezaba ya a ser nuestra responsabilidad montar adecuadamente el equipo. Cuando teníamos ya presión en el manómetro y comprobado el aire en los reguladores y el sistema de inflado del chaleco, procedimos a cerrar las botellas (para evitar perdidas de aire accidentales durante el traslado en barco) y comenzamos a equiparnos con el neopreno. Otra vez la misma peripecia que el día anterior para ponérselo, aunque Kiki descubrió un truco 8no se a ciencia cierta quien se lo contó) que consistía en usar una bolsa como funda mientras uno introducía pies en el neopreno. Esto facilitaba considerablemente el trabajo de introducirlo debido a que evitaba, fundamentalmente, que la piel se pegara en el neopreno.

                       El neopreno no esta pensado para transpirar, asi que mientras estas al sol (como estábamos) la sensación es un poco como cocerse en la propia salsa. Para evitar males mayores nos dejamos sin poner la parte superior del traje y nos metimos en el barco, una lancha motora. Cada uno estaba sentado delante de su propio equipo, de espaldas al mar, contemplando los espléndidos barcos que se guarecen en puerto mientras Boychi maniobraba por las aguas aun tranquilas de este.

                  Nada más salir por la bocana del puerto el mar comenzó a darnos su particular bautizo, haciendo dar saltos a la lancha mientras el aire, eso si, nos refrescaba y hacía más agradable nuestra espera. Boychi  buscaba un lugar para la primera inmersión, la de los ejercicios  de seguridad, pero no lo tenía de todo claro debido a las olas reinantes. Pasamos la Punta de la Mona y unas pequeñas calas con acantilados donde pudimos ver a otros grupos de buceadores. Al final encontró el lugar adecuado. Echamos el ancla sobre un fondo arenoso que estaría situado a unos cinco o seis metros de profundidad. Íbamos a utilizar el ancla como cabo para facilitar el descenso y el posterior ascenso. También íbamos a practicar la salida de espaldas desde el barco. Este tipo de salida puede ser un poco caótica cuando hay mucha gente en un barco relativamente pequeño y el barco se mueve arriba y abajo. Nos enfundamos la parte superior del traje, nos equipamos las aletas (que venían de tierra listas solo para asegurar) y nos ponemos el jacket con la botella. Uno a otro nos vamos haciendo la revisión CPTAO para verificar que todo esta correcto. Inflamos el jacket para asegurar flotabilidad positiva cuando nos tiremos, nos calzamos la máscara en la cara y nos ponemos el regulador en la boca.

                     Parecemos astronautas. A una señal de Boychi nos vamos tirando de espaldas mientras sujetamos la máscara contra nuestro rostro. Una voltereta de burbujas y ya estamos arriba. Ahora solo queda ir avanzando hasta la proa del barco para despejar los laterales y evitar accidentes.

                                El cabo se introducía en el fondo del mar hasta desaparecer de nuestra vista. Por parejas nos fuimos colocando junto al cabo a la espera de la orden de descenso. Boychi nos recordó el asunto de la compensación de oídos, muy importante hoy ya que si que íbamos a bajar ya bastante y los oídos nos iban a molestar si no lo hacíamos correctamente. El secreto era bien sencillo, compensar  cada  metro conforme bajamos, especialmente en los primeros metros durante los cuales la diferencia de presión es mayor. Celia es mi buddy. Nos miramos y nos indicamos nuevamente que todo esta bien y que nos vamos al fondo. Alzo mi mano izquierda sujetando la traquea y pulso el botón para liberar el aire del Jacket. Comienzo a descender e inmediatamente compenso, compenso y compenso. Veo con satisfacción como no tengo problemas con los oídos, todo parece ir bien. Miro a Celia, que se esta quedando un poco rezagada en el cabo y me indica señalándose los oídos que no esta compensando bien. No  hay problema, sube un poquito, compensa con menor presión y vuelve a bajar.

             Llegamos al fondo, un lugar de arena muy fina que pronto comenzamos a levantar con nuestras aletas. Balbino e Irene ya están abajo. Kiki y Jordi nos siguen acabando su descenso por el cabo. Nuestro instructor aparece y nos indica que vamos a dar una vueltecita.  Comenzamos a aletear suavemente, tratando de mantenernos a cierta altura del fondo para evitar embarrarlo todo, pero cuesta trabajo. Todo el mundo avanza sujetando su traquea con una mano para controlar el boton de ascenso y con la otra cerca del trasero para controlar la tira de liberación horizontal del jaquet.  Se ven pocos peces, solo algunos despistados en ese desierto de arena.

             Boychi nos reúne, se cerciora de que todos andamos bien y nos indica que vamos a hacer un nuevo ejercicio de pivoting.  Una vez más nos ponemos sobre el fondo y tratamos de regular nuestra flotación con el volumen variable de nuestros pulmones.  Solo conseguimos generar ambiente más turbio. Dado que podemos ver bien poco  los instructores deciden pasar al segundo ejercicio que consiste en la maniobra de emergencia por la que damos aire a nuestro compañero mediante el regulador del octopus. A una señal me posiciono con Celia junto al cabo. Boychi me indica por señas que en este simulacro seré yo el que se quede sin aire (que divertido). Miro a Celia y manos a la obra. Le indico poniendo el canto de mi mano sobre mi garganta (como si me la fuera a cortar) que no tengo aire. Celia asiente y levanta su brazo derecho para que acceda a su octopus. Con tranquilidad (no quiero que me pase lo que en el ejercicio de piscina) despliego el octopus de mi buddy acercándome el regulador de emergencia. Aspiro de mi regulador, lo retiro de mi boca y me coloco el regulador de emergencia. Soplo para purgarlo y comienzo a respirar nuevamente. Todo perfecto. Se lo indico con una señal a Celia y me trabo  a ella agarrándome de su brazo mientras ella hace lo propio conmigo. Iniciamos el ascenso, escoltados por Boychi que nos frena liberarando el aire de nuestro jacket (se nos había pasado). El aire del jacket se va expandiendo conforme ascendemos y disminuye la presión. Esta es la razón por la que es necesario ir liberando aire. En caso contrario subiríamos como un globo y siempre hay que realizar un ascenso lento y controlado para garantizar la liberación adecuada del nitrógeno de nuestro cuerpo (que se expande al igual que el aire de nuestro chaleco).

                    Cuando subo a superficie me encuentro con la lancha subiendo y bajando, sufriendo la marejada. Celia se agarra  a la escalera, parece que se encuentra mal, mareada igual que yo empiezo a estar.

                   Y comienzo a reiniciar el windows. Saludo con arcadas a mis compañeros mientras suben a la superficie. Como puedo me quito el jacket y lo dejo flotando para que alguien lo recoja. Boychi y Jose están ya arriba cambiando las botellas para la siguiente inmersión. Yo permanezco flotando en el agua, tratando de relajarme aunque todo me da vueltas. Cuando todo esta listo en el barco subimos y nos distribuimos para compensar el peso. Celia parece recuperada (ella es más de mar que yo). Boychi arranca el motor y ponemos dirección a la Piedra del Hombre, una notable zona de buceo en La Herradura. El viento me sienta bien y por un tiempo me recupero, hasta que la lancha se detiene y todo empieza a dar vueltas de nuevo.

                        Boychi me miró y con gran sabiduría me dijo. “¡Antonio, al agua!”. Efectivamente estaba algo mejor fuera del barco, pero no del todo. Me sentía como si me hubiera comido veinte osobucos, apretao dentro del neopreno y con todo dando vueltas. La idea era que nos equiparamos en el agua. En cierto modo es más cómodo, menos agobiante que equiparse todos a la vez dentro de un barco que sube y baja, pero es que yo estaba ya que no sabia ni como me llamaba. Como puedo, creo que alguien me ayudo, me pongo el jacket.  Jose se acercó y me dio uno de sus sabios consejos: la mejor manera de equiparse en el agua es ponerse panza arriba, como si uno fuera una nutria preparando su pescado. Ciertamente era así. Me facilitó mucho el ajuste de los hombros y el cinturón, pero aun así seguia teniendo problemas con los plomos. Me los había puesto en el barco, pero claro, apretar, no podía apretar mucho, así que cuando estaba en el agua el cinturón de plomos se escurría por  mi cintura hacia abajo con grave riesgo de caer al fondo. Miré desconsolado a Jose y rápidamente se puso el regulador, bajo un poco y me pego un apretón en el que casi suelto la última papilla, pero, ¡olé!, los plomos estaban en su sitio. Me acerque hasta el cabo de descenso donde aguardaba Boychi. Serio, me mira y dice gravemente: “Antonio, si tienes que vomitar vomitas a través del regulador, pero no te lo quites”

             Yo, con mi máscara puesta y el regulador ya en la boca,  asentí valientemente pero pensé para mí: “la virgen, vaya marronaco…”. Me hacen la señal para descender y procedo, hasta llegar a unos cinco metros donde debo cabecear para continuar el descenso. Y cosa de magia, todo el pelotazo mental-gástrico desaparece al instante. Es increíble lo que hace un suelo que no se mueve, aunque este a diez metros de profundidad.

                 Me vuelvo para ver como mis compañeros van descendiendo, hasta reunirnos todos a bajo. A pocos metros vemos como el suelo arenoso se transforma en un conglomerado de rocas plagadas de anémonas, erizos y unos corales de un naranja indescriptible, los corales estrellados (Astroides calycularis). Boychi se pone al frente y comienza a dirigirnos entre las rocas que nos salen al paso. A un lado y a otro pequeños grupos de castañuelas (Chromis chromis) y sargos (Diplodus sargus sargus) parecen juguetear y perseguirse . De vez en cuando un espectacular pez doncella (Coris Julis) pasa delante nuestra, provocador, tan cerca que casi podemos tocarlo con los dedos (aunque resulta imposible). Boychi sigue avanzando entre las rocas y nosotros tras de él. de vez en cuando se vuelve para comprobar que estamos viendo y para tomarnos alguna imagen. Ahora no hay ejercicios, asi que solo toca disfrutar y maravillarnos de este universo tan cercano (apenas a unos cientos de metros de la civilización) y a la vez tan desconocido. Una vez más la sensación que tengo es la de ser un astronauta, aquanauuta sería más exacto, escuchando la propia respiración, siendo consciente de ella, ingravido, realizando todos los movimientos  con lentitud.

     Estaba tan mal y ahora me sentía tan bien, tan pletórico, tan vivo,  que me había olvidado por completo (craso error) de mi querida Celia, mi buddy en esa inmersión. En un momento la vi aparecer delante mía, con tendencia a irse hacía arriba y  sujetada de la mano por nuestro instructor. Pensé,  “Ahí vá esa!”. Tenía evidentes problemas de flotabilidad, es decir, flotaba demasiado y le costaba alcanzar profundidad. Luego nos contó que hasta Jose se había puesto encima de ella para tratar de que bajara, sin aparente resultado. Celia continuaba como un globito sujeto de la mano de nuestro instructor. Menos mal que todo eso se solucionó en inmersiones posteriores añadiendo más peso. Afortunadamente en mi caso el tema de la flotabilidad lo notaba bastante controlado. Solo en un par de ocasiones perdí el control e inicié un descenso, más acentuado de lo que esperaba. Recuerdo ponerme a buscar mientras “caía” para ver si encontraba algún hueco con arena donde “aterrizar” y así no dañar la espectacular biología que nos rodeaba. Finalmente y después de pasearnos a 15 metros de profundidad, alucinando y casi sin darnos cuenta de las maravillas que nos rodeaban debido a la excitación, Boychi nos conduce de nuevo al cabo donde iniciamos el ascenso.

    Cuando salimos a superficie ya eramos buzos OWD  certificados por PADI. Nos quitamos el equipo en el agua y lo subimos a la embarcación. Nos dirigimos al puerto donde una vez desalado todo el material procedimos a celebrarlo como es debido, con una buenas cervezas fresquitas. Todo un abanico de posibilidades se nos abre ahora, infinitos lugares que explorar.

                No quisiera terminar estas lineas sin felicitar a nuestro instructor y a sus ayudantes. Me he quedado asombrado por la capacidad técnica, didáctica y la enorme paciencia demostrada por Marcos González “Boychi”. Ameno, divertido, pero sin perdernos nunca de vista, garantizando nuestra seguridad. Medio psicólogo, conocedor del alma humana cuando se enfrenta al inmenso mar, ha ejercido con todos nosotros como consejero y amigo cuando dudábamos un poco. No puedo menos que recomendaros a todos que lo busquéis a él si pensáis  iniciaros en esta maravillosa, espectacular experiencia que es el buceo autónomo.

Marcos González “Boychi”

Instructor y Divemaster (guía de inmersiones)

Buzo profesional

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